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Los frontones del Centro Histórico

El juego de la pelota vasca vivió su auge en la capital a finales del siglo XIX, cuando abrieron sus puertas imponentes inmuebles dedicados al disfrute de este deporte. Hoy recordamos 5 de los más grandes y famosos del Centro Histórico
Frontón Jail Alai y plaza de toros, finales de siglo XIX
12/05/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Los juegos de pelota han sido parte de la vida cotidiana de varias culturas del mundo desde hace siglos; a lo largo de México hay decenas de canchas del tradicional “juego de pelota” -valga la redundancia- que practicaban los habitantes del territorio nacional previo a la Conquista.

Durante y después del periodo virreinal, uno de los deportes europeos que se popularizó en México fue la pelota vasca, que tiene como origen la región Vasco Navarra y la Vasconia francesa. Consiste en un conjunto de juegos de pelota en el que los jugadores -mejor conocidos como “pelotaris”, se colocan unos frente a un muro -frontis- y lanzan, alternativamente, una pelota con la mano o haciendo uso de la chistera.

A pesar de que la pelota vasca tuvo que competir por el gusto de los capitalinos con funciones de teatro, carreras de caballos, circo o toros; durante el tiempo del Porfiriato se inauguraron grandes complejos o frontones dedicados a este deporte en la Ciudad de México entre los que destacaron el Eder Jai, el Jai Alai y el Frontón Nacional.

Los tres gozaron de éxito entre la clase alta y media de la sociedad Porfiriana y fueron construidos con toda la pompa de sus respectivas épocas. Cada uno contó con el apoyo económico de inversionistas nacionales e internacionales -empresarios españoles, principalmente- y fueron ubicados al poniente del Centro.

El primero se llamó Eder Jai -cuya traducción en español es “fiesta hermosa”- y se localizaba en las calles de Inválidos y La Paz, muy cerca del Paseo de la Reforma y una estación de tranvías, en lo que hoy conocemos como Colonia Tabacalera, a la altura de la glorieta a Colón.

Se inauguró el 12 de diciembre de 1895. Diversos artículos de la época mencionan que las instalaciones tenían todas las comodidades que el público podía esperar y por ende, no tardaría en ser uno de los sitios favoritos de la capital, por lo que se convertiría en su lugar predilecto. 

Leopoldo Rodríguez escribió en su texto Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX que “el frontón medía 68 m de longitud por 41 m de ancho, hasta la pared de los palcos, de los cuales 11.25 m pertenecían a la cancha de juego. La altura del frontis y de la pared izquierda era de 12.60 m, y la del rebote, de 7.25 m. Los materiales de construcción eran mampostería y cemento Portland”.

Asimismo, escribió que contaba con 34 palcos de ocho asientos cada uno, espacio para la colocación de 400 sillas (con la posibilidad de duplicarlo en casos de necesidad), ocho hileras de tendidos para 1,300 espectadores y un espacio para la banda musical. Había dos plantas, en una un salón para eventos varios y la planta de abajo estaba destinada para el uso de los jugadores, una cantina, así como del velador y el personal de limpieza del frontón.

Al partido inaugural acudió el mismísimo Porfirio Díaz, con algunos miembros de su gabinete y representantes del gobierno español en México; el estadio lució repleto.

En Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX, se describe que “el local fue adornado con banderas mexicanas y españolas, y en la fachada había una bandera blanca con letras rojas que llevaba el nombre del frontón. El interior tenía adornos que señalaban con cortinas tricolores los palcos del ayuntamiento, del gobernador y del presidente municipal. La banda de música, dirigida por los conocidos maestros Encarnación Payén y Lorenzo Santibáñez, tocó durante los descansos”.

Los precios de las entradas dependían, tal cual hoy en día, de la ubicación del asiento: palcos $10 pesos, silla numerada $1.50 pesos y la entrada general $1 peso.

A pesar de su éxito, el frontón dejó de existir para 1901, como lo deja ver un anuncio que la compañía “Litografía Moderna J. Emilio Myer & Comp.” publicó en EL UNIVERSAL, donde se leía que sus oficinas estaban en la dirección del “Antiguo Frontón Eder Jai”.

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Anuncio de EL UNIVERSAL dentro de “Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX” de Leopoldo Rodríguez.

El segundo frontón en abrir sus puertas se llamaba Jai Alai -“fiesta alegre”-, cuyo diseño y construcción estuvo a cargo de Manuel Torres Torija en 1896. Fue un edificio sumamente moderno ya que la parte donde se sentaba el público estaba techada y tenía una resistente estructura de hierro.

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Frontón Jai Alai y Plaza de Toros en el siglo XIX.  Colección Villasana - Torres.

Fue edificado a unos metros de la Plaza de Toros que estaba sobre Bucareli, espacio que con el tiempo desapareció y cuyo predio sería seleccionado en la década de los veinte del siglo XX como idóneo para la construcción de la sede de la Lotería Nacional.

Tras unos meses de trabajo en la construcción, los dueños decidieron que en septiembre de ese año se tenía que realizar una partida de pelota vasca para que tanto el público en general como la prensa, pudieran presenciar un ensayo general de los pelotaris -jugadores- que habían venido desde España... aunque el juego se retrasó por motivos de lluvia.

Aún con la estructura inacabada, la prensa de la época reportaba que las instalaciones ya estaban casi listas: salones, palcos, sanitarios, dulcería y una cantina -que para ese entonces seguían siendo exclusivas para hombres-. Los precios del abono incluían 10 funciones y costaba, para palco $70 pesos; platea o al frente de las gradas $15 pesos y cancha $12 pesos.

Se inauguró oficialmente el 11 de octubre de 1896 a las 3 de la tarde, en la ceremonia también estuvo presente Porfirio Díaz y empresarios inversionistas del frontón. El inmueble estrenaba para ese día su entrada exclusiva para mujeres, un jardín de 14 m de ancho por 34 m de largo; destacando también la mampostería, tres salones, tocadores, 106 palcos, un salón de apuestas en el que cabían 1,500 personas, 12 taquillas y su imponente estructura de hierro.

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Fotografía interior del Jai Alai en Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX de Leopoldo Rodríguez.

Leopoldo Rodríguez encontró un relato del también cronista Jesús Galindo y Villa, quien decía que “la planta es un rectángulo de 86 metros de longitud, por 35 metros de latitud. (...) Franqueado el vestíbulo se entra al frontón propiamente dicho. Este es un espacio rectangular, dividido en dos partes esenciales, en el sentido de su longitud: la cancha y el lugar destinado al público; ambas separadas por un gran pasillo central. La cancha es el sitio donde se juega: consta de una banqueta de cemento de 11 metros de anchura; su longitud, de 65 metros, abarca todo el frente de los lugares del público.

Hacia el Este, se levanta la pared de bote, sobre la cual la pelota; tiene también 11 metros de latitud; a un metro de altura corre una cinta metálica (la falla) sostenida por pernos […] Hacia el Oeste, cerrando la cancha se levanta la pared de rebote. El pasillo central, suficientemente alto, sirve para facilitar la circulación, y además, por él van y vienen los corredores que ofrecen los momios (condiciones del cambio de las apuestas) a los concurrentes. La construcción se levantó el año 1896, con un costo de unos $140,000 con todo y terreno. Calculase que puede contener unas 1,500 personas”.

Desafortunadamente, el frontón Jai Alai rápidamente fue vendido por sus propietarios a otra empresa y en 1902 se anunció la liquidación del inmueble.
El tercero -y el último de los frontones construidos a finales del siglo XIX que desapareció- fue el Frontón Nacional, edificado sobre la calle de Iturbide, sobresaliendo de los demás ya que era el único completamente techado, hoy en este lugar vemos lo que queda del cine Palacio Chino.

El Frontón Nacional fue inaugurado el domingo 8 de julio de 1897 bajo la dirección arquitectónica de Bernardo Pérez; cabían más de 1,000 personas y “tenía dos pisos: en el primero había 40 palcos, y se iban a construir otros en el segundo. El elegante palco del presidente se ubicaba en el centro.”

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Interior del Frontón Nacional en “Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX” de Leopoldo Rodríguez.

Crónicas periodísticas coinciden que nada bueno pasó durante el juego inaugural: como llovió se filtró agua por los techos, la falta de ventilación provocó que se sintiera calor en exceso y, además, el departamento de sanidad encontró que el inmueble no cumplía con varias normas de higiene y que por lo tanto, suspendería la licencia de funcionamiento hasta que modificara todo aquello con lo que no cumplía.

Fue el 26 de septiembre de 1903 que el Frontón volvió a abrir sus puertas con todas las remodelaciones -y reparaciones- necesarias. Además de ser el primer templo del frontenis techado, fue el primer frontón con energía eléctrica, que permitía hacer visible y popularizar funciones nocturnas de pelota vasca. Aún con todo el lujo, en 1905 el gobierno local suspendió las actividades del frontón, aunque dejaron de tener funciones hasta 1925, cuando el inmueble se convirtió en el cine Palacio Chino.

Un par de frontones que fueron muy populares que se inauguraron en el siglo XX fueron el Hispano - Mexicano, en la esquina de Balderas y Colón - que después sería el Real Cinema- y el Frontón México, que recientemente vivió una gran remodelación.

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El Real Cinema, ubicado en la esquina de Balderas y Colón, en una fotografía de 1983, cuando ya formaba parte de la cadena Tele Cine. Esta sala abrió sus puertas en 1950, en un edificio que antes había sido el Frontón Hispano-Mexicano; décadas más tarde fue reconstruido con el nombre de Cinemex Real, como se mantiene hasta la fecha. Archivo Fotográfico EL UNIVERSAL.

El Frontón México abrió sus puertas en 1929 por los arquitectos Joaquín Capilla y Teodoro Kinhard, sumándose a la lista de edificios emblemáticos en la ciudad por su estilo art déco. Su popularidad lo llevó a ser escenario de la película “La noche avanza” de Roberto Gavaldón, donde Pedro Armendáriz interpreta a un pelotari.

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Frontón México en los años 30 del siglo pasado. Colección Villasana-Torres.

El Frontón México permaneció cerrado por dos décadas luego de una huelga del Sindicato Progresista de Trabajadores de la Industria Turística que arrancó el 2 de octubre de 1996.

Tras un intenso trabajo de remodelación encabezado por el arquitecto José Moyao, el Frontón México reabrió sus puertas en marzo de 2017, con una inversión de cerca de 30 millones de dólares. Hoy en día la cancha del frontón sigue siendo utilizada para el juego de pelota vasca, pero también como sede de diversos eventos como conciertos, ferias, conferencias, entre otros.

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Mapa que señala la ubicación y cercanía que tenían los frontones ubicados en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El juego de pelota vasca nunca se limitó a practicarse dentro de estos edificios, se popularizó a tal grado que las canchas de frontón han sido contempladas en el diseño de parques, en inmediaciones de educación medio superior o superior -como los de Ciudad Universitaria- o son improvisadas por los habitantes de la capital cuando, para entretenerse o divertirse, encuentran una pared que tenga espacio suficiente al frente para hacer rebotar la pelota en espera de ser el ganador.

En la fotografía principal y en la comparativa antigua, el frontón Jail Alai y plaza de toros detrás de la estatua de El Caballito, a finales de siglo XIX. Colección Villasana-Torres.

Fuentes: “Los frontones de pelota vasca en la Ciudad de México: siglo XIX y primeras décadas del XX” de Leopoldo Rodríguez, Boletín de Monumentos Históricos | Tercera Época, núm. 41, septiembre-diciembre, 2017. “El palacio de la pelota” de Jorge Vázquez Ángeles. Artículo, UAM. “Euskal Etxea de la Ciudad de México” de Amaya Garritz Ruiz - Javier Sanchiz Ruiz, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.
Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres. Archivo Fotográfico El Universal.