Metrópoli

“Mis hijas me enseñaron a madurar, a poner los pies en la tierra”

Marisol, integrante del grupo Ateneas de la SSC, dice que la responsabilidad con ellas nació desde el embarazo; asegura que la maternidad le cambió la vida

Marisol Martínez afirma que la maternidad es el cambio más importante de su vida. Foto: Karla Guerrero/ EL UNIVERSAL
10/05/2026 |03:53
Gisela González Granados
Reportera EL UNIVERSAL EdomexVer perfil

Los Reyes La Paz, Méx.— “Los hijos duelen, pero el amor por ellos te mueve”, expresa Marisol Martínez Hernández, integrante del Agrupamiento Atenea de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSC).





Marisol tiene 43 años. Es madre de Idrhil, de 20, y Airyn, de 13. “Me casé a mis 22 años, me fui a la luna de miel y ahí fue donde quedé embarazada. Yo no estaba muy segura, mi hija empezó a moverse enseguida. No sé si eso es normal, pero yo lo sentí. Desde ese momento yo me comprometí con mi bebé”, relata.

“Yo le dije: ‘bebé, vienes tú para acá, yo me comprometo contigo, te voy a cuidar y eso va a ser de por vida’. Cuando supe que era niña, mi hija tuvo nombre desde mi panza, desde esa fecha hasta acá tiene el mismo nombre, se llama Idrhil”.

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Marisol es madre de Idrhil y Airyn. Mientras trabajaba, concluyó la licenciatura en Derecho y ahora busca cursar una maestría. Foto: Karla Guerrero/ EL UNIVERSAL

Con el embarazo, Marisol dejó de trabajar y también pausó sus estudios; sin embargo, la vida los haría retomarlos como parte de su maternidad.

“Llega una separación con mi esposo y es como decido empezar a moverme para tener solvencia económica para mi hija. Mi hija tenía año y medio. Fue una etapa muy difícil, porque nunca jamás me había separado de ella”, recuerda.

La decisión de ingresar a la academia de policía marcó un cambio en su vida; sería doloroso porque no iba a poder ver a su hija todos los días.

“Entras toda la semana, vuelves a salir sábado y domingo. Se me hizo muy difícil, porque nunca me había separado de ella. Sí fue de lo más feo que yo he podido vivir”, comenta.

Marisol sostiene que la responsabilidad con sus hijas nació desde el momento en que decidió continuar con el embarazo.

“Creo que el compromiso que yo adquirí con mi hija, al momento de decir: ‘si vienes para acá yo aquí te recibo y va a ser para siempre’, entonces yo tenía que buscar alternativas para darle seguridad a mi bebé”.

Con el tiempo, regresó con su pareja y nació su segunda hija. Explica que criar a dos niñas mientras trabajaba dentro de la corporación representó otra etapa de exigencias.

“Tan sólo el venir, dejarlas e irte, es un esfuerzo que a lo mejor no lo ves, pero te deja agotada. Te tienes que hacer cargo de tu trabajo y seguir superándote, porque al final de cuentas el trabajo lo requiere”.

Mientras trabajaba, concluyó la licenciatura en Derecho y ahora busca cursar una maestría. “Los hijos lo requieren. No pueden verte estática o que no vas a avanzar, porque ellos son el reflejo tuyo”.

Marisol define la maternidad como el cambio más importante de su vida, que necesitó para “madurar”.

“Creo yo que es lo más bonito que me ha pasado. Te da responsabilidad, te da tranquilidad. Dejas varias cosas, pero aceptas otras para poder seguir creciendo”, dice.

Durante la academia enfrentó uno de los momentos que más recuerda. Su hija enfermó mientras ella permanecía internada.

“Mi mamá me dijo: ‘está enferma’. Yo iba a solicitar un permiso para verla. Entonces dije: ‘me voy a salir y voy a ir a verla’”.

Sin embargo, antes de salir un maestro se acercó a ella. “Me dijo: ‘tú le sirves más acá adentro, tu mamá está allá y ella está al pendiente’. Yo estaba llorando”.

Con la voz entrecortada, Marisol recuerda que en ese momento reconoció que no había nada en sus manos que pudiera hacer.

“Te das cuenta que sí, que en realidad no hay más que tú como mamá puedas hacer, lo único que debes de tener es esa fuerza y esa obligación y ese amor te mueve, entonces dejé de pensar y le hablé a mi mamá, ella me dijo que mi hija estaba mejor solamente que todavía tiene muchísima temperatura, pero vamos a estar nosotros pendientes”.

Marisol reconoce que “si ese maestro no se hubiera atravesado en ese momento, yo no sería policía, porque duelen, los hijos duelen. Me dolió no poder estar y así muchas cosas porque al final de cuentas el trabajo no es como te den permiso, es bien difícil que te digan oye es que, sabes, mi hijo está enfermo o ir a festejar el 10 de mayo o varias cosas”.

Marisol fue asignada a Seguridad Escolar en Álvaro Obregón, donde permaneció durante 12 años. Foto: Especial

La experiencia dentro de la policía también cambió la manera en que observa la vida diaria de sus hijas. “Por mi trabajo uno se entera de muchísimas cosas que pasan. Nos encontramos a mujeres golpeadas o niñas que se salen de su casa. Me da miedo, pero las tengo que dejar actuar por sí mismas”.

Tras concluir la academia fue asignada a Seguridad Escolar en Álvaro Obregón, donde permaneció durante 12 años.

“Dábamos pláticas, teatro guiñol y actividades a niños desde kínder hasta universidad. En los cursos de verano yo me llevaba siempre a mis hijas y hasta a mis sobrinas. Todo eso me ayudó a acercarme a ellas”.

Después llegó el cambio al Agrupamiento Atenea, una corporación de seguridad compuesta por mujeres policías que se especializan en la contención de movilizaciones sociales y en brindar seguridad durante eventos recreativos.

“Ahora nos encargamos de darle seguimiento a las marchas. Empiezo a tener otra capacitación y turnos de 24 por 48 horas”.

Es ahí donde Marisol se dio cuenta que “todo puede cambiar. En un momento te dicen: vamos a un cateo. Todo puede ser peligroso y te pones a pensar en tus hijos”. Por esa razón decidió estudiar Derecho.

Al hablar de sus hijas, Marisol señala: “Mis hijas me enseñaron a madurar, a poner los pies en la tierra. Yo veo ahora lo que son y me hace sentir que estoy haciendo las cosas bien”.

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