La lluvia apareció justo en la pausa de rehidratación del primer tiempo y no cesó durante el resto del encuentro.
La tormenta no apagó el entusiasmo de los asistentes, el cual se sostuvo firme con el triunfo del equipo tricolor por 3-0 ante Chequia.
La concentración que se formó alrededor del Ángel de la Independencia, no perdió densidad con el avance del fenómeno meteorológico.

Los aficionados desplegaron paraguas e impermeables, pero el agua los alcanzó de todos modos y los dejó empapados.
El tramo central del Paseo de la Reforma se transformó en un cauce.
El agua corrió con fuerza por las orillas de los carriles centrales y laterales, lo que impedía el paso de los aficionados.
Cada uno de los tres goles del equipo mexicano elevó el ánimo de la multitud.
Las autoridades de la Ciudad de México habían prohibido la venta de alcohol en esa zona, pero varios vendedores ambulantes ofrecieron bebidas alcohólicas a los asistentes.
Cuando terminó el partido la lluvia continuó. Un buen número de aficionados mantuvo los festejos bajo el agua.
Otros se encaminaron hacia las estaciones del Metro. En las taquillas, grupos de seguidores bailaron y cantaron durante varios minutos más.
La noche, aún con la lluvia se cubrió con los colores verde, blanco y rojo que enmarcaron el escudo nacional.
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