Son las 19:00 horas de un jueves, Anahí, uniformada con un short negro y playera rosa, se pone las calcetas, se amarra los tenis y toma su silvato, está lista para entrar al campo. Es la única mujer en un partido de futbol varonil, pero no sólo eso, será la mayor autoridad del encuentro, algo que puede llegar a incomodar a algunos jugadores, pero que no frena a la joven para demostrar su preparación y carácter.
“Banana”, como la conocen sus amigos y en redes, se graduó como licenciada en Derecho y llegó al arbitraje hace ocho años tras romperse la ilusión de debutar en Primera División en la Liga de Futbol Femenil del país.
En sus partidos se enfrenta no sólo al machismo, de quienes piensan que al ser mujer no sabe lo suficiente de futbol para sancionarlos, sino también a la violencia física contra los silvantes por parte de jugadores, sus acompañantes, entrenadores o aficionados.
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“Ya no hay árbitros, la verdad es que ya nadie quiere pitar, ya nadie quiere trabajar de esta profesión tan bonita porque tienes miedo de que te amenacen, de que si no sancionas algo, ya tienes quien te está recriminando. Al principio no me daba miedo, era como un reto para mí, pero a estas alturas puedo decir que sí”, confiesa.
Pese a que ahora, en su mayoría, trabaja con hombres que la respetan en el campo, la joven de 27 años se ha enfrentado a personas que la han mandado a “lavar trastes”, cuenta. En un inicio le enfadaba, después aprendió a tomárselo a “modo de risa” para sobrellevarlo.

Tristemente, admite, se ha tenido que acostumbrar a ese tipo de violencia: “Duele el hecho de encontrarte personas machistas, pero ya no te puedes tomar todo tan ‘a pecho’; a veces sí te hieren, pero ya no es tanto el dolor como antes […] es tu comida del día a día. Imagínate estar llorando o mal por personas que vienen frustradas o enojadas del trabajo”.
Lo impresionante, dice, es que las agresiones no sólo vienen de los hombres, muchas veces son de las esposas o novias de los jugadores, quienes la han llegado a amenazar a través de sus redes. “Se enojan de que una grita o se les impone como mujer y tal vez piensan: si a mí no me hace caso mi hombre, ¿cómo te va a hacer caso a ti?”.
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Anahí utiliza sus redes sociales para difundir parte de su trabajo, desde buenas jugadas, goles o sanciones, hasta agresiones en su contra. Con su celular, que se coloca pegado al pecho, encuentra una forma de protegerse, pues en algunas grabaciones exhibe a jugadores o “porra” que la insultan o la han llegado a amenazar.
“Hoy vengo a hacer mi trabajo, yo no sé si en un partido salga viva, no sé si hoy venga un jugador de malas o traiga un arma. Por eso grabo en el aspecto de que eran partido tras partido”.

Ahora, todo eso es contenido para sus cuentas y son los mismos jugadores y jugadoras quienes le preguntan si no grabará para tener los momentos clave o chuscos del encuentro; “Banana” y su celular se convirtieron en el VAR de sus partidos.
Lo que inició como un pasatiempo para ganarse unos pesos extras, al tener gran conocimiento del reglamento, ahora es su trabajo; pita, en las cinco ligas que trabaja, alrededor de 20 partidos en una semana de todas las ramas.
Ronaldinho y Charlyn Corral son los futbolistas prefesionales que más admira, pero tiene en su cabeza a una mujer de cara al Mundial de Futbol 2026: Katia Itzel García, quien es considerada una carta fuerte de México para llegar a la Copa del Mundo de la FIFA y quien por su labor en las canchas, este año fue colocada por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS, por sus siglas en inglés) dentro de las diez mejores árbitras del mundo, al ocupar el sexto sitio.
“Eso sería mi mayor sueño, que me pudiera dar un un sabio consejo porque es una mujer que nos llegó a representar en el mundo, nos dió el encare o la potencia a las mujeres de decir si yo puedo, tú puedes”.
A Anahí García Ramírez le cuesta definir lo que significa para ella el arbitraje, está consciente de que al tomar el silvato tiene en sus manos muchas decisiones y un pitido basta para convertirse en enemiga o amiga de muchos, sin embargo, pide que no se olvide que los árbitros son seres humanos.
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“No somos un muñeco de trapo, también somos humanos, también sentimos, también duele. Así como los jugadores a veces dicen: ‘ay, otra vez este profesor o esta profesora, también nosotros decimos, ay, otra vez este jugador
“A todas las niñas chiquitas que dicen yo quiero trabajar de eso, una no les quita el miedo de que vengan a trabajar, que es bonito; simplemente invitar a los jugadores y jugadoras que quitemos un poquito la violencia de venirmos a desquitar lo que traemos de la semana. Tener un un futbol limpio, no con las personas no con el árbitro”.

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