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Un largo camino fosforescente nos encontramos rumbo a Puebla, a lo lejos las mujeres con grandes ramos iluminados de un amarillo intenso. Las flores son sumamente cuidadas para ponerlas en grandes canastas, es una ofrenda de la tierra a las ánimas que nos visitan cada año.
La flor de veinte pétalos ilumina el camino de los muertos que nos vistan el 1 y 2 de noviembre cada año, mejor conocida como flor de cempasúchil, es considerada como un adorno fundamental en las ofrendas de muertos en México.

En algunas casas se hace un camino de pétalos para facilitar a las ánimas la llegada a los altares donde se les ofrece un gran festín; pan, mezcal o tequila, cigarros, moles, veladores, dulces y todo lo que le gustaba al difunto en vida.
A mis difuntos, me dijo la campesina de Puebla Doña Anastacia, le gustaba el mole de cadera que es de la región de la mixteca, los tamales de alberjón, las tortillas recién hechas, el café y el pulque; aunque también se echaba de cuando en cuando un mezcalito, de nuestro propio palenque; así es que seguimos haciendo lo propio para que nuestro difunto disfrute de sus antojos.

Me dijo, muchas veces, que cuando le pusiera su primera ofrenda, después de un año de muerto, no se me fuera a olvidar el vaso de leche bronca con calabaza dulce y camote, y es que mi viejito era bien antojadizo, por eso pasamos toda la noche haciendo pan espolvoreado con azúcar y otro con puro ajonjolí.
Cómo me voy a olvidar que su pan de ajonjolí le fascinaba relleno de mole con pollo deshebrado y cuando ya había terminando de comer, se limpiaba los bigotes, quesque para no hacer enojar a mi mamá.

Pero la mera verdad es que todos disfrutábamos de aquellas mordidas que le daba al pan, hasta se antojaba de verlo comer, su café con canela endulzado con panocha, era su última travesura del día 1 de noviembre; sereno y con la panza llena se acercaba a las ofrendas y colocaba las fotografías de sus padres y frente a ellas una veladora, así se quedaba mirando un buen rato como si platicara con sus difuntos, al final siempre decía, mira Ofelia ya los invite a que le entren con gusto a la comida, por que será hasta el año que entra que puedan regresar, entonces mi viejito se salía más que contento

Recuerdo cuando me enseñó a pizcar la flor de muertos, cuidalas me decía y no dejes que les entre frío, les costó mucho tiempo guardar el calor y la energía del sol para iluminar la llegada de nuestros difuntos, así nuestros ancestros no se perderán y entrarán a la casa para disfrutar del banquete que les hemos preparado.
Ahora me toca a mi poner la foto de aquel hombre que tantas cosas me enseñó, el camino al altar está iluminado por el cempasúchil, que yo misma recolecté como a él le gustaba y su pan con mole ya lo esperan junto con su café y mezcal.

Seguro, me dijo la mujer, que se va a ir bien contento y con la panza llena, como siempre hacía en vida, cuánta felicidad nada más de pensar.
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