Oventik, Chis.— Falta menos de una hora para que termine 2025, y también para que llegue el 32 aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
El silencio y una neblina densa, de esas que no deja ver nada, cubren por completo a Oventik, uno de los 12 caracoles zapatistas que permanece entre las montañas de Chiapas. A lo lejos, de entre la oscuridad, se escucha el marchar de los milicianos zapatistas: sus botas pesadas avanzan sobre, y a pesar del lodo, al ritmo de unos palos de madera que chocan entre sí.
Cuando la formación militar entra a la explanada donde esperan más de mil personas de 30 países, la niebla se disipa.

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“Hoy habrá fiesta y baile, pero no olvidemos que hace 32 años era guerra y muerte”, dice un encapuchado de negro desde el podio donde está la comandancia del EZLN.
“El gobierno dice que ya no existimos, y es curioso porque, a la vez, intentan desaparecernos con megaproyectos y ataques militares. Pero nosotros, los pueblos zapatistas, aquí seguimos… organizados”, señala un habitante de La Realidad, el caracol más antiguo de todos.
El discurso político ha terminado y todos gritan, “¡Que viva el Ejército Zapatista de Liberación Nacional!”.
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Y entonces la música arranca y el zapateado suena. Los encapuchados, los de fuera, los de dentro y los que no saben qué hacen ahí, bailan para recibir el Año Nuevo.
El reloj marca las 12, y a lo lejos alguien grita: “¡Sobrevivimos 2025!”. Un año, en palabras del capitán Marcos, de amores, desamores, injusticias, esperanzas e incertidumbres.
Días antes, en vísperas al 1 de enero de 2026, se realizó en San Cristóbal de las Casas el encuentro zapatista Semillero de Pirámides, de Historias, de Amores y, claro, Desamores.
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Durante cinco días, en las instalaciones de Cideci-Unitierra, los zapatistas realizaron conferencias en presencia del subcomandante insurgente Moisés, del capitán Marcos —antes subcomandante Marcos— y de cientos de zapatistas provenientes de distintos Caracoles.
Entre los ponentes estuvo Bárbara Zamora, abogada asesora del EZLN en la negociación con el gobierno mexicano que llevó a los acuerdos de paz de San Andrés. Denunció que las reformas a la ley agraria, minera y energética, realizadas durante la última década, promueven el despojo de las tierras de los pueblos originarios y eliminar derechos que les habían otorgado.
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