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“Poco a poco nos van desterrando de nuestras tierras”

Indígenas kumiai realizan ceremonia para defender el cerro sagrado Cuchumá

Familias de las comunidades de Peña Blanca y Juntas de Neji, en Tecate, así como La Huerta, en Ensenada, llegaron en las primeras horas del domingo hasta la pequeña cancha de futbol. Foto: Aimee Melo / EL UNIVERSAL
13/04/2026 |01:53
Gabriela Martínez / Corresponsal
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Tecate.— Con una ceremonia kumiai, la comunidad indígena honra y defiende el cerro sagrado Cuchumá, enclavado justo en la frontera entre Tecate y Estados Unidos, cuyas inmediaciones recién comenzaron a ser intervenidas con explosivos y fueron restringidas bajo advertencia de ser propiedad del Departamento de Guerra de Estados Unidos.





Mientras familias kumiai danzaban Kuri kuri —un tipo de baile que celebra y simboliza la unión de todas las etnias— durante la mañana del domingo, a un costado del muro en el Pueblo Mágico de Tecate, del otro lado de la frontera elementos de las fuerzas armadas estadounidenses patrullaban en una camioneta sobre un camino de terracería pegado a la muralla de metal.

Desde el vehículo observaban a los danzantes de los pueblos originarios, y a escasos metros del lado estadounidense, justo a las faldas del cerro Cuchumá, fue colocado un letrero que llamó la atención de quienes participaban en el encuentro en el que se advertía que las inmediaciones —reconocidas como una reserva y bajo protección de leyes ambientales de Estados Unidos— son propiedad del Departamento de Defensa que hoy es llamado Departamento de Guerra.

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Foto: Aimee Melo / EL UNIVERSAL

“Área Restringida” se advertía en un mensaje escrito en el letrero, en inglés y español, para luego ampararse en la Sección 21 de la Ley de Seguridad Interna de 1950 que permite a los altos mandos militares regular la entrada y las actividades dentro de instalaciones del ejército. En esa zona prohibieron una serie de actividades como ingresar, fotografiar o dibujar gráficos o mapas del sitio.

“Nos quieren quitar todo, poco a poco nos van desterrando de nuestras tierras, el Cuchumá es sagrado para nosotros, ahí nuestros ancestros compartían su sabiduría y preparaban a los guerreros, a los chamanes, nadie nos consultó porque nadie nos considera, pero por eso estamos aquí, para decirles que existimos”, compartió Juan, indígena kumiai de Peña Blanca.

Familias de esta etnia de las comunidades de Peña Blanca y Juntas de Neji, en Tecate, así como La Huerta, en Ensenada, llegaron durante las primeras horas del domingo hasta la pequeña cancha de futbol ubicada al final de la avenida México, que recorre el muro hasta llegar a las faldas del cerro sagrado, en el este del municipio.

Ese lugar, donde inicia el camino que los lleva a la cima de la colina y guarda los vestigios de los primeros pobladores de la región, fue el punto de encuentro para la defensa del territorio.

Integrantes de la comunidad kumiai, al enterarse de las detonaciones con explosivos en el cerro, convocaron a una ceremonia con danzas, cantos y una jornada de información para difundir su valor ancestral, cultural y antropológico.

“Desconocemos cuáles son los motivos o qué proyectos quieren realizar aquí o por qué están destruyendo un patrimonio cultural, simplemente llegaron y se adueñaron, resistimos con el orgullo de nombrarnos kumiai, con nuestros cantos, nuestra lengua, nuestra danza, con todo el conocimiento de nuestros abuelos. Yo no me avergüenzo, yo honro lo que soy y lo que somos”, reconoció Elizabeth, indígena kumiai de la comunidad de La Huerta.

Al encuentro, además de familias de la comunidad indígena, también fueron residentes del municipio que respondieron a la convocatoria ante la indignación de la intervención estadounidense al detonar explosivos en la parte del cerro que se ubica de ese lado de la frontera.

Demián Vega, coordinador de Innovación y Relaciones Públicas en Fundación Rancho La Puerta, un Centro de Educación Ambiental, alertó que el Cuchumá se ubica en una zona de conservación, es decir, servidumbre binacional, una herramienta jurídica en la que los propietarios en ambos lados de la frontera se comprometieron mediante contrato a limitar el uso de su tierra para proteger la flora, fauna y recursos hídricos.

“Investigamos y nos encontramos con que 60 pies de la frontera hacia Estados Unidos es parte del Departamento de Guerra, lo cual nos empieza a preocupar un poco porque sabiendo que se va a construir el muro en una línea, muy probablemente se vaya a construir un segundo muro, y esta franja a lo largo de todo el país se utilice como un espacio de defensa”, mencionó.

Demián fue uno de los alumnos que aprendieron del valor de esa montaña y el ecosistema del que forma parte. Ahora, como parte de la fundación, promueve la protección con actividades en campo, cuentan con un salón de clases, con un huerto orgánico y un sendero interpretativo.

“Hay una ambigüedad, al ser terrenos bajo protección legal y al mismo tiempo acciones de intervención militar, y estamos trabajando para conocer las causas”, dijo.

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