Estados

“Mi trabajo ya va a morir”, dice reparador de balones

El “hospital” cada vez es menos concurrido debido a que se prefiere comprar en lugar de arreglar

Guadalupe Armando Medina aprendió el oficio de remendar balones de su padre, quien empezó como zapatero en San Luis Potosí. Foto: HUMBERTO TORRES/EL UNIVERSAL
08/06/2026 |01:00
Humberto Torres
Reportero multimedia en San Luis PotosíVer perfil

En la capital potosina, sobre la avenida Damián Carmona número 535, hay un pequeño local que resiste al paso del tiempo, se trata del “hospital de balones”.





Ahí trabaja Guadalupe Armando Medina Reyes, heredero de un oficio en peligro de extinción.

El negocio fue fundado por su padre, Tiburcio Medina, quien llegó a ese mismo sitio en 1970 con la habilidad de saber coser.

Club El Universal

Su oficio era la zapatería, hasta que un día, casi por accidente, empezó a reparar balones.

Un día le llegaron con un balón roto, él vio la oportunidad, lo remendó y “quedó muy bien”, recuerda Guadalupe.

Así nació el taller, que con el tiempo sería conocido por la comunidad como el “hospital de balones”.

Durante décadas fue común ver entrar a clientes con pelotas desinfladas, rotas o vencidas por el uso, y salir con ellas listas para volver a rodar a la cancha.

Guadalupe llegó al taller en 1980. Aprendió el oficio a base de práctica y observación; con el paso de los años, terminó por quedarse al frente del “hospital”.

“Él me enseñó todo”, recuerda con alegría, al hablar sobre el oficio que aprendió después de ver a su padre ejecutarlo miles de veces.

Oficio extinto

A más de 55 años de haber iniciado el negocio, el panorama ha cambiado y el paso del tiempo amenaza con desaparecer este oficio. “Mi trabajo ya pronto va a morir”, reconoce con angustia Guadalupe.

“Los balones actuales ya no están pensados para repararse. Vienen sellados, hechos de una sola pieza, como los de basquetbol o voleibol”, explica.

Menciona que éstos, cuando se dañan, simplemente se reemplazan, pues es prácticamente imposible reparar un balón sintético.

El golpe ha sido fuerte, pues señala que desde hace más de cinco años el trabajo ha disminuido de manera considerable.

“A veces vengo nomás para no aburrirme”, más que por ser una fuente de ingresos, confiesa.

Señala que tiene la fortuna de que el local es suyo, de lo contrario, hace bastantes años habría quebrado. “Si pagara renta, ya hubiera cerrado”, dice.

Hoy, la petición de Guadalupe es “que no se vayan por lo barato (...), que compren algo bueno, algo que podamos reparar para que no dejen morir estos trabajos de antes”.

La puerta del “hospital de balones” sigue abierta. El oficio sigue ahí, resistiendo en cada costura, es un trabajo que se niega a morir.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Te recomendamos
Únete al Gran Diario de México.
Continua consultando toda la información de
sin interrupciones.
Agotaste tus lecturas gratis en esta sección.
Si deseas continuar leyendo y disfrutar de sin límites.