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Uruapan.— José María Rojas Gutiérrez es de la comunidad indígena de Caltzontzin. Tiene 29 años y su pasión es combatir incendios forestales en temporada de estiaje.
El jefe de brigada del grupo Delfines está orgulloso de su oficio y con el tiempo aprendió —dice— “que a la lumbre y a los trancazos no cualquier persona le entra”.
Rojas lleva cinco temporadas consecutivas como brigadista en Uruapan e insiste en que es un trabajo de mucho riesgo.
Está consciente de que muchas personas han perdido la vida mientras intentan sofocar las voraces llamas que consumen a cada segundo las áreas naturales.
“Tenemos un sueldo base que a muchas personas se les hace poco, pero a mí me gusta lo que hago y yo lo haría hasta de voluntad; hasta si no me pagaran”, enfatizó.
Se le nota exhausto, pero advierte que no parará hasta que las llamas dejen de arder y consumir el área natural protegida del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio de Uruapan.
“Me gusta lo que hago, me gusta la lumbre, me gusta andar en el cerro y entre los montes. Se ha de escuchar medio loco, pero me gusta lo que hago”, expresó.
El resto del año, Rojas Gutiérrez se dedica a la construcción en un horario fijo, pero en la temporada de estiaje le da prioridad al combate de siniestros.
Para el michoacano no hay horarios; apagar incendios es un trabajo donde se tiene que estar disponible las 24 horas.
Mientras sostiene su herramienta de acero en mano y remueve las cenizas de la zona siniestrada, recuerda a su esposa y a su hijo, un adolescente de 12 años de edad. Al egresado de la Escuela Técnica Agropecuaria de Taretan se le ilumina la mirada cuando revela que le gustaría heredarle ese oficio de brigadista a su pequeño.
“Sería buena opción. A mí me gusta, pero ya ves, ellos tienen otros gustos”, remata en voz alta y con el rostro barnizado de hollín, mientras continúa su labor para evitar que el fuego se expanda. Carlos Arrieta
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