Como parte de su estrategia política, Luisa María Alcalde sí consideró rechazar la invitación de la presidenta Sheinbaum a la Consejería Jurídica de Palacio Nacional. En su lógica, decir que no le permitiría dedicarse de tiempo completo a la maternidad y era el disfraz perfecto para ocultar la molestia que le generó el bajón de puesto. De legisladora federal y secretaria de Estado en dos ocasiones, cayó a una oficina que, desde que salió Julio Scherer con López Obrador, es meramente una oficialía de partes.

Ahora, con el mal sabor todavía en la boca, su estrategia será buscar una diputación federal en 2027 y convertirse en la coordinadora política de la bancada de Morena, puesto que actualmente está en manos de un viejo lobo de mar y efectivo operador político como Ricardo Monreal.

La salida de Alcalde de la dirigencia de Morena se planteó desde hace un par de meses derivado de un detonante principal: su conocida relación con Arturo Ávila, vocero del partido. Él le parece un nefasto personaje a la presidenta Sheinbaum. Primero por los reportes que le llegaron de sus visitas incómodas a gobernadores y posibles candidatos para el próximo año. Una especie de coyote electoral, pero sin autorización oficial. Segundo, por su gusto por los reflectores mediáticos, aunque internamente lo consideran un vocero efectivo. Tercero, por su cercanía con Adán Augusto López Hernández a quien le operó con fuerza durante la gira de las corcholatas y a pesar de que, actualmente, ya estaba más alineado a Palacio Nacional. Y cuarto, que derramó el vaso, la tensión generada por la relación sentimental que comenzó después de la ruptura con Zoé Robledo.

En una ocasión, según fuentes de Palacio Nacional, la Presidenta tuvo una conversación con Alcalde. Le recomendó que no permitiera que sus temas personales afectaran los profesionales. Ella respondió que estaba muy bien, con la intención de pintar una raya, y marcó el primer distanciamiento. El segundo vino cuando le exigió que pusiera a trabajar a Andy López Beltrán. Alcalde, con mucha razón, respondió que él no la obedecía, que no lo veía interesado y que mucho menos le haría caso porque no la veía como su jefa.

Después vino la cereza del pastel: el trato soberbio y sobrado a los aliados del Partido Verde y el PT, que describen como nunca antes vista en su larga historia de partidos veleta, que jalan con el que más les convenga. Después de demostrar fuerza y derrocar la reforma electoral, avisaron que estarían encantados de seguir en alianza, siempre y cuando Alcalde estuviera fuera de las negociaciones.

Ahora, el ajedrez político tendrá movimientos relevantes. La Presidenta no quería retirar del puesto a Ariadna Montiel como secretaria del Bienestar por sus efectivísimos resultados electorales. Un perfil respetable y discreto, además de una buena relación con los gobernadores.

Citlali Hernández, que nunca fue secretaria de las Mujeres, sino se dedicaba a seguir tejiendo alianzas en los estados, estará de encargada en curar las heridas con los aliados. Morena quiere corregir el rumbo con gente que ya se la sabe. A ver si logran parar la matanza por el poder.

Stent:

Estaban reunidos los pocos gobernadores y gobernadoras panistas. Cuando de pronto uno cuestionó el rumbo de su dirigencia y expresó: “a lo único que se dedican Romero y Taboada es a pedir dinero en los estados y además no sabemos para qué”. El futuro luce muy prometedor.

claudio8ah@gmail.com

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