En menos de cinco días más de 100 migrantes de Michoacán y Guerrero, principalmente, han llegado a Tijuana con la intención de pedir asilo al gobierno estadounidense antes de que, dicen, el crimen organizado los mate.
Se dicen desplazados de la violencia que hay en sus estados y duermen a la intemperie, a la espera de ser recibidos.
Dicen que vinieron en un camión que pagaron desde sus pueblos; son familias enteras, jóvenes solos y madres con sus hijos, quienes piensan hallar en Estados Unidos la seguridad que, afirman, México nos les dio.

Uno de ellos, padre de un niño de tres años, a quien carga, cuenta que dejó su casa y vino con su esposa e hijo para pedirle al gobierno estadounidense que los deje vivir allá. De Apatzingán, dice, prefiere sacrificar una vida en el lugar donde nació, que un día el crimen organizado reclute a su bebé, se lo lleve y aparezca su cuerpo en algún terreno.
Otros vienen de la Sierra o la Costa de Guerrero, donde los últimos años han sido víctimas de desastres naturales, pero también del crimen organizado. Durante los últimos años intentaron reconstruir sus casas o encontrar trabajo, pero buscarán cruzar la frontera, en medio del frío y sin saber cuándo serán recibidos.
Rubén Pérez, vendedor en el área de la garita peatonal El Chaparral, dice que los últimos días, desde que llega a la una de la mañana cargado de periódicos, escucha el llanto de los niños y niñas que intentan aguantar el frío para conciliar el sueño.
El delegado del INM en Baja California, Rodolfo Figueroa Pacheco, señala que el Grupo Beta les ofreció trasladarlos a alguno de los albergues más cercanos, pero los migrantes rechazaron la oferta. Asegura que no les han impedido cruzar el puente que conecta con la puerta para ingresar a Estados Unidos.
El problema, dice, es que son decenas de migrantes pidiendo asilo al mismo tiempo y los agentes de Customs and Border Protection (CBP, por sus siglas en inglés) son pocos.
“Es más un tema de cantidad. Les ofrecimos llevarlos a un refugio, pero no quisieron, y si el gobierno de Estados Unidos no los recibe, yo tampoco puedo impedirles el paso, son mexicanos”, explicó el funcionario.
Sin embargo, los 10 o menos grados centígrados de la madrugada no han logrado moverlos; aseguran que ahí estarán hasta que los reciban.
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