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Ayotzinapa: “Sueño que mi hijo vuelve a casa y yo lo abrazo”

Magdaleno Rubén desapareció hace cinco años junto con otros 42 normalistas en Iguala; su familia lo recuerda como un joven estudioso, quien luchó por superarse

La madre del joven desaparecido tiene fotos y cartas de su hijo, de las cuales desconoce el contenido porque no sabe leer ni escribir. Fotos: SALVADOR CISNEROS
25/09/2019 |01:33Salvador Cisneros Silva |
Redacción El Universal
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Tlatzala, Gro.- Desde la desaparición de Magdaleno Rubén Lauro Villegas, la noche del 26 de septiembre de 2014 en la ciudad de Iguala, su familia constantemente sueña que un día el joven entra por la puerta de su casa, cansado, sudado y sin dejar que nadie lo abrace.





Ayotzinapa: “Sueño que mi hijo vuelve a casa y yo lo abrazo”

En 2018 ingresó a esta misma escuela Jesús Antonio, de 20 años, quien sigue los pasos de sus hermanos y, afirma, continuará la búsqueda de Magdaleno.

La familia Lauro Villegas es originaria de la comunidad nahua de Tlatzala, perteneciente al municipio de Tlapa, en La Montaña de Guerrero, donde las únicas opciones para sobrevivir son trabajar el campo, migrar a Estados Unidos o, como Magdaleno Rubén y sus hermanos, ir a otras ciudades para seguir estudiando.

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Con todas las carencias económicas y sociales que se viven en su comunidad, el joven hizo hasta lo imposible por formarse en la escuela normal: tuvo que alejarse de su casa y estudiar el nivel medio superior en un bachillerato donde vivió en un albergue para niños y jóvenes.

Ayotzinapa: “Sueño que mi hijo vuelve a casa y yo lo abrazo”

Los sueños que no llegan. Juliana es quien más evoca a Magdaleno cuando duerme. Una vez, explica, soñó que su hijo le decía que estaba bien, que lo tenían fuera de México y que no podía volver. En otra ocasión lo vio perdido en un cerro caudaloso, sin posibilidad de encontrar su camino.

Sin embargo, afirma, el sueño que más la ha marcado durante estos cinco años es verlo entrar por la puerta de su casa, cansado, con su ropa destrozada, pero vivo. Ella corre a abrazarlo y él le responde que no lo haga porque está sucio. Nunca le gustaron los abrazos, enfatiza nuevamente su madre.

Ayotzinapa: “Sueño que mi hijo vuelve a casa y yo lo abrazo”

Sin embargo, narra, ocho meses después, rompió la promesa y decidió abrir el cajón para encontrarse de frente con la memoria de su hijo ausente. Entre sus pertenencias halló una pulsera, un peluche, fotografías y unas cartas, de las cuales no supo el contenido, ya que no sabe leer ni escribir.

Su padre, Francisco Lauro, pocas veces lo ha soñado, pues desde aquel 26 de septiembre la depresión le ha quitado las ganas de dormir.

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