Inna Payán tardó unos cinco años en animarse a hablar de temas de producción audiovisual, en mesas dominadas por hombres.

La escena es algo impensable para quien conoce a una de las principales hacedoras del en las últimas dos décadas, con una filmografía integrada por títulos como "La jaula de oro", "Todo el silencio" y "En el camino".

Ahora mismo está afinando todo para dar a conocer "Ceniza en la boca", la nueva película dirigida por Diego Luna, la cual se estrenó en el pasado Festival de Cine de Cannes y ahora estará en la sección Horizontes Latinos del certamen de San Sebastián.

"Empecé a trabajar en Argos cuando tenía 30 años y dos hijos chiquitos; había estudiado ciencias de la comunicación en la UAM Xochimilco, pero no sabía hacer muchas cosas porque había estado en el Instituto de Cultura de Morelos haciendo fichas. Cuando entré a Argos había mujeres más chicas que yo y no entendía nada", recuerda Inna.

"Poco a poco fui aprendiendo, cuando llegó "Sexo, pudor y lágrimas" yo alcé la mano aunque no sabía nada, hacía casi nada, pero me fue encantando eso. Ya en las salas de juntas sentía que podía apoyar, pero no me atrevía por no haber ganado la palabra, tarde como cuatro, cinco años, para poder dar un punto de vista", detalla.

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Este miércoles Inna Payán recibirá un reconocimiento por parte de la Asociación de Mujeres en Cine y TV, en el marco del Guanajuato International Film Festival.

"Capaz que ya vamos de salida (de la vida)", dice de buen humor.

"Lo que ha hecho la asociación es darle visibilidad al trabajo de las mujeres y ha hecho una labor hermosa, más aún da orgullo recibir este reconocimiento con Marina de Tavira, a la que adoro", comenta.

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Vida de productora

La primera producción que le soltaron fue "La habitación azul", basada en la novela del belga Georges Simenon y cometió un error que no la dejó dormir varias noches. Arrancó el rodaje con Patricia Llaca y no había logrado la firma de los derechos de la obra.

"Se me pasó a mí y me sentí fatal, comencé a pensar que no servía para esto y que podía echar todo a perder. Estaba muy angustiada, no dormía, pero se consiguió a los pocos días", recuerda.

Con "La jaula de oro", la gran ganadora del Premio Ariel en 2014 al obtener nueve estatuillas, entre ellas a Mejor Película, su nombre se catapultó. El haber rentado un tren para filmar el transitar de indocumentados por México, utilizando a migrantes reales, valió la pena.

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"Llegaba un momento en que el tren pasaba por un pasaje donde no había comunicación y era estar con el Jesús en la boca para que todo saliera bien", apunta.

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Otros momentos estresantes experimentados por Payán, a la distancia, fueron el rodaje del documental "Una jauría llamada Ernesto", de Everardo González, y "En el camino", de David Pablos, ahora nominada al Ariel.

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Para el documental el equipo de producción se metió a un barrio de Monterrey y fue rodeado por hombres armados quienes les preguntaban qué querían. Inna se iba enterando en vivo, a través del celular.

Y en "El camino", en Ciudad Juárez, un integrante de la producción fue secuestrado por un grupo que supuestamente había perdido un teléfono, entrando en acción de negociación la Guardia Nacional.

"Más que cosas de la naturaleza, como lluvias o cosas así, lo que vemos más son los temas de seguridad. Siempre vemos que todos estén bien, pero a veces pasan cosas", indica.

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Inna tiene en su foja laboral haber ayudado a unos siete operaprimistas como Gabriela Tagliavini ("Ladies' night"), Samuel Kishi ("Los lobos") y Javier Patrón ("Fuera del cielo").

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Lo que viene

Inna Payán acaba de crear CIRCA 24, una universidad de cine en la que además de actuación, hay materias para aprender académicamente a producir, algo que hasta ahora es por experiencia.

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Y tiene como idea becar a gente que no tenga recursos, para abrir el abanico de narrativas.

Ahora mismo está acabando la que será su ópera prima como directora, "El invencible verano de Liliana", basada en el libro homónimo de Cristina Rivera Garza, sobre los diarios y cartas de su hermana víctima de feminicidio.

"Es ver cómo éramos hace 20 años, donde la masculinidad era lo que valía y con Cristina te das cuenta que tiene muy claras las cosas oscuras por las que hemos pasado las mujeres. En el libro habla del asesinato de su hermana hace 30 años que no ha sido resuelto y la rescata sin revictimizarla. Es una cosa hermosa", subraya.

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