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Gael García Bernal es un animal de cine. Aunque actoralmente inició en los albores de los 90 protagonizando la telenovela El abuelo y yo, fue la pantalla grande con el corto De tripas corazón, primero, y la cinta Amores perros, después, la que lo enamoró de por vida.
Pero reconoce que el panorama ha cambiado en los últimos años con la llegada del streaming. Estas plataformas no sólo se han convertido en un espacio para ver y estrenar películas (como Holland, que protagonizó junto a Nicole Kidman) sino también en una nueva forma de contar historias a través de las series.
Eso sí, el actor y director marca una diferencia entre el mundo fílmico y el televisivo. Al menos por ahora.

“El cine no va a desaparecer, en lo absoluto, el cine tiene una trascendencia cultural, está en nuestro ADN. Las series son tan nuevas que no sabemos todavía su trascendencia en el tiempo, todavía tiene que pasar más para saber hacia dónde nos van a llevar”, considera en entrevista.
El también productor sostiene que, además de que ha cambiado el modelo de producción de contenidos y la elección de historias, su vida también se ha transformado.
“Agrego un aspecto, que tengo hijos (risas), eso te condiciona el tiempo para ver lo que hay, para encontrarte con lo que hay, para mí ha sido así. Si quiero ver algo, tengo que ir al cine, es el único lugar donde me encuentro, donde me desaparezco, donde estoy completamente”, subraya.

Series, en proceso de maduración
Y no es que el actor nacido en Guadalajara dude de la potencia del formato, sólo mide sus palabras.
Las series no son un universo ajeno a él: en 2014 protagonizó Mozart in the Jungle, que tuvo cuatro temporadas y por la que ganó el Globo de Oro en 2016. En 2018, año en que las producciones en español aún no explotaban, dirigió y actuó en Aquí en la tierra; en 2024 estrenó La máquina, al lado de su amigo, Diego Luna. Ahora, se alista para estrenar, el próximo 22 de abril vía Netflix, Santita.
Santita lo ha reunido justo con otro “animal” del cine, el director Rodrigo García, en cuya filmografía se encuentran Almas pasajeras con Anne Hathaway y Los últimos días en el desierto, protagonizada por Ewan McGregor.
Entre todos cuentan una historia en la que una doctora (Dávila), quien vive en silla de ruedas, ayuda desinteresadamente a la gente, pero también practica legrados; gusta del juego, busca sexo y añora a una expareja (Gael), ahora ya con esposa, (Salas).
“Tenemos que aprovechar la oportunidad (de las series). Rodrigo tenía en este caso, con los escritores, la oportunidad de montarse en una aventura divertida en Tijuana con un personaje femenino interesante, atrevido y controversial. Y pues mi personaje es el de alguien enamorado de ella”, cuenta Gael.
El hijo del escritor Gabriel García Márquez, lo secunda. Defiende a la forma de expresión seriada, de la cual probó sus mieles en EU con In treatment, Six feet under y Big love, aunque Santita es la primera que inicia de cero y es toda su responsabilidad.

“El formato largo permite profundizar en muchas más cosas que no cabrían en una película, aquí por ejemplo el mundo de Santita es grande, se ve lo profesional, lo familiar, el juego, las borracheras, el libertinaje, pero aquí nuestro hilo es justo su historia de amor”, expresa García.
“Hay quien dice que hay muchas series, pocas buenas, y lo mismo pasa con las cintas. Han habido grandes como Los Soprano, con las que viajas en el tiempo, vas creciendo con los personajes cuando hay muchas temporadas y, en el caso de las películas, en dos horas te dicen mucho”, añade.
Dávila, considera que su personaje sólo podría estar en este universo.
“Es una mujer compleja, divertida, que vive en caos, contradictoria”.
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