Bruno Santamaría Razo era un niño en los años 90 cuando la noticia de que su papá había sido diagnosticado con VIH, entonces una enfermedad de la que poco se hablaba, trastocó por completo a su familia y a él.

Él no se enteró de toda la odisea, primero, explica, porque la familia decidió protegerlo de todo y, después, porque a los 11 años la preocupación de las personas es básicamente la escuela y los amigos.

Pero durante tres décadas algo le “dolía” y no tenía muy claro qué era, así que en plena pandemia no aguantó más y comenzó a indagar entre sus familiares lo que había pasado; quedó conmovido, pero igual confundido.

Jade Reyes y Anuar Vera interpretan a dos amigos en el despertar de la adolescencia. Foto: OJO DE VACA Y KIRYL SYNKOU
Jade Reyes y Anuar Vera interpretan a dos amigos en el despertar de la adolescencia. Foto: OJO DE VACA Y KIRYL SYNKOU

Con todo eso, convertido luego a la ficción, salió su película Seis meses en el edificio rosa con azul, carta mexicana que presenta hoy en la Semana de la Crítica del Festival Internacional de Cine de Cannes, sección paralela al certamen galo que se especializa en encontrar nuevos talentos fílmicos con audacia narrativa y en el que en su momento se presentó y ganó Guillermo del Toro con Cronos.

La cinta se ubica dentro de una familia feliz y despreocupada que festeja el undécimo cumpleaños de Bruno, que sigue cantando y bailando para intentar alejar el destino de uno de sus miembros.

“Fue un periodo de seis meses que transformó la vida de una familia entera y tuve ahora la posibilidad de mirarlo, de explorar lo que pasó, a través de la ficción. De mirar desde una visión adulta algo que no fue muy claro de niño, pero que fue lastimando a todos”, reflexiona Bruno.

“Cuando empecé a escribir me di cuenta de que estaba imaginando cosas que me ayudaban a sentir más, comencé a buscar videos, fotografías, fue un proceso de dos años de diálogo entre la imaginación y memoria; no es una película biográfica, pero es cierto que los personajes se llaman igual que en la vida real y por ejemplo, una maestra que sale es la que en verdad me dio clases”, agrega el cineasta.

El descubrimiento

Seis meses en el edificio rosa con azul es protagonizada por el niño Jade Reyes, Sofia Espinosa (Gloria) y Gabino Rodrígguez (La niña en la piedra), ambos interpretando a los padres, además de Teresa Sánchez (La camarista).

En paralelo a lo que pasa con su familia, el protagonista tambien está obsesionado con un amigo de la escuela, quien un día le pregunta si sabe la diferencia entre un beso de “piquito” y uno más profundo.

“Hay algo ahí que nubla la apreciación infantil, que nubla todo y lo protege de alguna manera de lo que está pasando en la vida”, considera Bruno.

Sofía Espinosa (der) interpreta a una madre que debe enfrentar el diagnóstico de su esposo (VIH) en los años 90 y proteger a su hijo. Foto: OJO DE VACA Y KIRYL SYNKOU
Sofía Espinosa (der) interpreta a una madre que debe enfrentar el diagnóstico de su esposo (VIH) en los años 90 y proteger a su hijo. Foto: OJO DE VACA Y KIRYL SYNKOU

Pero contra lo que pudiera pensarse, indica Sofía Espinosa, no es una película necesariamente oscura, sino que usa mucha música.

“La película es colorida, la mamá por ejemplo es un personaje energético, luminoso, que encuentra mil modos para sacar a la familia adelante en tono de comedia, juguetón”, adelanta.

Seis meses en el edificio rosa con azul es una coproducción con Brasil y Dinamarca, y se filmó mayoritariamente en la colonia Santa María la Ribera de la Ciudad de México.

Bruno, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, es un director que viene del documental; entre su filmografía cuenta Cosas que no hacemos y Margarita.

Sus historias se centran en la pérdida de la inocencia, la comunidad LGBT, las infancias y el tiempo.

Para esta, su primera ficción, comparte, ya tiene agente de ventas internacional y comenzará corrida festivalera; espera llegar a México en algún certamen de este año.

Por lo pronto, ya tiene la aprobación de su familia.

“El estigma (por el VIH) sigue siendo muy fuerte, no se quita, sí hay un control afortunado (de la enfermedad), pero el estigma no se va, sigue existiendo y lastimando, es una marca difícil de remover.

“Ya vio la película mi familia y no recuerda o no tiene la certeza de haber vivido situaciones como las que se ven en la película, al final es una ficción, pero se reconocen”, concluye Bruno.

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