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Cuando Alejandro González Iñárritu filmó Amores perros, no había futuro. O al menos no uno calculado. La película asumió los riesgos de la calle, de lo accidental, de un equipo que trabajó con pasión sin saber hasta dónde podía llegar.
Veinticinco años después, el director volvió a ella para cuestionar una industria que, considera, ha puesto el marketing, los financieros, los celulares y hasta la inteligencia artificial por delante del riesgo de crear, en un ambiente más calculado y menos orgánico.
Desde las 10:00 de la mañana de ayer, cientos de fans llegaron a la Cineteca Nacional Chapultepec con la esperanza de conseguir uno de los 375 boletos para la charla del cineasta. Varios se quedaron sin la preciada entrada, pero esperaron afuera. Cuando Iñárritu llegó, lo recibieron entre aplausos, gritos de “¡Sí cabemos!” y peticiones de una foto. Él respondió tomándose una selfie con todos ellos.

Mientras caminaba rumbo a la sala en la que conversaría con la escritora Wendy Guerra, el director dejó un mensaje para los jóvenes que lo esperaban: “Mucha fuerza, esperanza, resiliencia y no IA”.
Sin futuro, pero con vida
“No había futuro, gracias a Dios”, expresó después Iñárritu, ya dentro de la sala 7, al recordar uno de los puntos que, a su juicio, fueron parte de la fuerza de Amores perros y que, con el paso del tiempo, han cambiado en el cine.
El director, que celebra los 25 años de una de las películas más reconocidas del cine mexicano con un libro conmemorativo, considera que la industria ha terminado por cortar parte de la esencia de las producciones debido a estretagias de marketing.
“Fue increíble descubrir que hoy en día cuando es una película hay un equipo de marketing detrás, mucha gente interesada y ya se ha estudiado todo, el póster, las fotografías fijas dentro del set, si se va a hacer o no un libro; el mundo está tomado por marketing guys y por los financieros”, señaló.
También habló de los teléfonos contemporáneos, llamados inteligentes, como herramientas capaces de alterar la percepción, algo que no existía entonces.
“Son como estos tipos científicos que ya tienen un estudio de la manipulación de nuestras pequeñas mentes y que a través de estos pequeños rectángulos no solamente reprimen la realidad, sino crean realidades”, añadió.
“Cacayanga” contra el cálculo
Frente a esa perfección, las cintas, según él, pierden la oportunidad de tener “cacayanga”, palabra con la que define aquello que le da vida a una escena y la hace pasar a la realidad.
“Está todo muy estudiado, muy pulido y encerado y ya no tiene cacayanga, como yo siempre digo. Cuando hago una toma digo: hay que meterle cacayanga, o sea, que tenga mierda, que tenga vida, que tenga textura, que huela”, explicó.
En la sala, la gente lo miraba casi sin parpadear mientras el director daba cátedra a partir de los recuerdos de Amores perros. De pronto, esos ojos se llenaron de ilusión cuando se anunció que habría una sesión de preguntas y respuestas.

Entre elogios, agradecimientos y experiencias de vida, Iñárritu fue cuestionado sobre lo que pensaba cuando filmó la película que en el 2000 cambió su carrera y colocó una nueva mirada sobre la Ciudad de México en el cine.
“Si soy sincero, no pensaba absolutamente en el futuro para nada. Una película como Amores perros se hace en carne viva, con el corazón presente”, respondió.
“No había tiempo de estar pensando en el futuro. Uno de los grandes problemas de hoy es que se crea pensando en los resultados. No piensen a dónde van a llegar”.
Según recordó, trabajar con personas a las que considera familia, por el tiempo que ya habían compartido en otros proyectos, fue uno de los motores que le permitieron ver el privilegio de hacer cine con gente que tenía “el corazón ahí”.
Al mezclar ambas ideas, el presente abrumado por lo que será y el pasado en el que él y su equipo no podían ver más allá del momento que vivían, Iñárritu dio su definición de cine.
“El viaje de hacer cine, es un privilegio, carajo, el estar ahí presente, no perder un segundo del presente porque el resultado no está en nuestras manos. ¿A dónde nos va a llevar? Vale madres”, dijo
Luego volvió contra las estrategias que, para él, pueden vaciar una obra antes de que exista.
“Si hay una estrategia como con los marqueteros o financieros ya valió madres todo, porque están pensando en cómo vamos al resultado que no está en nuestras manos”, remató.
Al terminar, la gente que seguía en pie afuera de la sala lo despidió algrupot de ¡Iñárritu!” ¡Iñárritu!”, buscando fotos o su firma.
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