Si quisiéramos saber qué piensa en estos momentos el gobierno federal de las complicadas y competidas elecciones que habrá mañana en 14 entidades de la República no sería algo fácil: por un lado, el presidente Enrique Peña Nieto nos dice en un tono optimista —a la luz de lo visto en las campañas raya en la ingenuidad— que espera este domingo “una jornada electoral democrática, cívica y ejemplar”; pero por otro lado, su secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, no es tan positivo y en un tono de preocupación descalifica la democracia que se vivió en estos comicios y no dice que éste ha sido “el más despiadado de los procesos electorales por cómo se condujeron los partidos y los candidatos, que tocaron lo personal. Yo no entiendo así la democracia, creo que se han extralimitado”, sentencia.

Y entonces, ¿qué podemos esperar de las votaciones de mañana si nos atenemos al diagnóstico del gobierno de la República? ¿Una jornada cívica ejemplar, como la que avizora el Presidente? O más bien, desde la óptica del titular de Gobernación, una jornada en la que, acorde con lo “despiadadas” que fueron las campañas, los partidos y sus candidatos no se comporten a la altura y prevalezca el tono de descalificación, polarización, guerra sucia y violencia durante las votaciones?

El tema es más complejo que el cristal con que se mire. Por su puesto que todos deseamos y queremos que la total suciedad y la violencia verbal que privó en estas campañas quede atrás y que, durante la jornada comicial, los partidos y sus candidatos den muestras de la madurez y la civilidad. Pero eso es sólo un buen deseo. Lo enrarecido del ambiente y la polarización y exacerbación de los ánimos en varias entidades, producto de las campañas “despiadadas”, están ahí y no desaparecerán ni por el optimismo presidencial ni por la fuerte presencia policiaca de las fuerzas federales que resguardarán estos comicios.

Los 80 mil policías que el gobierno de Peña Nieto mandó a vigilar estas elecciones —16 mil en Tamaulipas, 15 mil en Oaxaca, 15 mil en Chihuahua y 10 mil en Veracruz, entre otras— son una fuerza de contención y disuasión más enfocada en controlar a poderes de facto, como los cárteles del narcotráfico tamaulipeco, o a disidentes radicales de la CNTE en Oaxaca. La pregunta es si la Policía Federal también vigilará a las estructuras y maquinarias de los partidos —con su estela de mapaches, acarreadores y “promotores del voto”— que operarán durante las diez horas que duren las votaciones en 14 estados. Ahí estarán los verdaderos delincuentes electorales y los grupos de choque que los partidos utilizan a conveniencia en secciones y casillas donde ven riesgo para sus candidatos. ¿A esos delincuentes también los van a detener o a contener los federales?

Por lo demás, independientemente de quién gane, quién pierda, quién avance o retroceda en estos comicios, lo que queda muy claro es que los partidos políticos no han entendido nada sobre el hartazgo, enojo y rechazo ciudadano hacia ellos y sus prácticas. En estas campañas, más allá del preocupante azoro del secretario de Gobernación, asistimos a un espectáculo penoso y denigrante, en donde la competencia democrática no se dio en términos de capacidades o experiencia de los candidatos, sino de quién era el más corrupto, el más ratero, el más narco o el más depravado; y la oferta política y la propuesta de gobierno, perdida en la estridencia, se redujo a simplezas y lugares comunes como “soy el más limpio” o “a mí no me han acusado de nada (ni siquiera de ser capaz de gobernar)”.

Y ustedes, ¿cómo ven el vaso de los comicios de mañana, medio lleno o medio vacío?

Los que suben y los que bajan. Si dejamos a un lado lo que pueda ocurrir mañana y nos centramos en el impacto político que tendrán los resultados de estos comicios, es claro que, como en toda contienda (por más sucia o despiadada) habrá ganadores y perdedores. Por supuesto no hablamos de la ciudadanía que, de entrada ya perdió con las campañas, ni tampoco de qué partido ganará más gubernaturas. El parámetro tiene que ver con los personajes que, sin ser candidatos, están gravitando en estas elecciones locales, aunque más bien ellos son, todos, actores nacionales.

Ya hemos dicho que los aspirantes presidenciales son los primeros que avanzan o retroceden en estas elecciones, pero no son los únicos. Después del 5 de junio hay dirigentes de partidos cuya supervivencia y liderazgo depende de las cuentas que entreguen de estas elecciones. El más vulnerable de los líderes partidistas en estos momentos parece el del PRD, Agustín Basave. Sobre el ex priísta y académico se ciernen los peores augurios por el debilitamiento evidente de su partido ante el crecimiento de Morena y la sangría de militantes y grupos ocurrida durante estas campañas en varios estados.

A pesar de las alianzas que realizó con el PAN y de los triunfos que éstas puedan obtener, al interior del PRD la meta que le van a exigir a Basave en estas elecciones tiene que ver con las gubernaturas de Oaxaca, Tlaxcala y la elección de la Asamblea Constituyente de la CDMX. Si se pierden esas tres elecciones, el escenario no sólo será muy complicado para el dirigente, sino para el partido en sí mismo, que ahondaría la percepción de una fuerza política en declive y de la que muchos ya pronostican incluso su próxima extinción. El propio Agustín Basave ofreció su renuncia anticipadamente, en caso de que su estrategia de alianzas no dé los resultados esperados, y si eso ocurre el 25 de junio se convocaría a los órganos nacionales del PRD para elegir a un nuevo presidente, que llegaría en calidad de interino, a terminar la gestión que dejó iniciada Carlos Navarrete y luego Basave. Una lucha interna para elegir un nuevo dirigente podría ser letal para el perredismo, sobre todo en un ambiente donde el partido no logre avanzar en los comicios de mañana.

Otro personaje cuyo futuro inmediato puede depender de los resultados del 5 de junio es el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong. El funcionario, quien es el priísta más aventajado en las encuestas, se enfrentará después de estas elecciones a una necesidad inaplazable: dejar su cargo en Bucareli si quiere tener la posibilidad de consolidar su proyecto rumbo a 2018. Lo dicen sus mismos cercanos: “Moverse de Gobernación es imperativo si decide buscar en serio la nominación priísta. No puede permanecer mucho tiempo más aquí, primero por los riesgos que conlleva el cargo (un polvorín que en cualquier momento estalla) y segundo porque necesita una posición desde donde pueda moverse con más libertad y naturalidad hacia ese objetivo”.

Una de las apuestas que colaboradores de Osorio hacían en estas elecciones era que, si al presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, no le iba bien en sus resultados (a partir de su repetida declaración de “9 de 12”) entonces el CEN priísta se abría como una posibilidad para el cambio que busca el hidalguense. Pero en el escenario contrario, donde a Beltrones le vaya bien y aunque no gane las 9 obtenga un buen número de gubernaturas —sobre todo emblemáticas como Veracruz, Oaxaca o Chihuahua y ante todo un alto porcentaje de votos en todas las entidades en juego— entonces a Osorio le tendrán que buscar otro lugar para mudarse de Bucareli.

Entre los presidenciables que seguro saldrán muy bien librados después de este domingo, está, en primer lugar, Andrés Manuel López Obrador que, gane o no la primer gubernatura para su partido, se catapultará a 2018 a partir del gran crecimiento en votación que se espera para su partido en estados como Veracruz, Zacatecas, Oaxaca, Puebla y Quintana Roo. El otro aspirante que saldrá fortalecido de este proceso es Rafael Moreno Valle, quien con todo y los cuestionamientos de la oposición priísta en su estado, que lo acusó de intervenir abiertamente en estos comicios, sería uno de los ganadores indiscutibles del PAN, lo que lo reposiciona en la carrera con Margarita Zavala y Ricardo Anaya, en la que se había quedado rezagado.

Así, veremos quiénes suben, quiénes bajan y quiénes de plano se caen en el juego electoral del próximo domingo. Se vale lanzar los dados.

Notas indiscretas… Hay una amenaza que flota en el ambiente de la elección de los diputados del Constituyente de la Ciudad de México. En el círculo cercano de Andrés Manuel López Obrador se asegura que el dirigente de Morena ha definido que, aún cuando su partido se ve como el más fuerte en la elección capitalina y todo indica que sería el gran ganador en las votaciones, si la participación ciudadana en la elección no supera el 26% del padrón electoral de la Ciudad, entonces Morena no participaría con sus diputados en la instalación del Constituyente, bajo el argumento de que el nuevo órgano carecería de responsabilidad. Eso sería, de concretarse, un boicot, y habría que ver si la Asamblea Constituyente puede instalarse sin los representantes de Morena… Los dados mandan Serpiente doble. Mal augurio.

sgarciasoto@hotmail.com

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