UNAM: sucesión decidida

Óscar Mario Beteta

El nombre del sucesor de José Narro ha estado en escena de tiempo atrás. Su “ratificación” es cosa de formas y de cronómetro

La elección del rector de la UNAM es lo más parecido a un cónclave cardenalicio para elegir Papa. A éste, Francisco, lo designaron 115; a aquél lo nombrarán 15 “notables”. El método es muy parecido. Lo hace un grupo encerrado bajo llave. En El Vaticano confluyen poderosos factores mundiales. En la Rectoría entran en juego elementos nacionales de primer orden.

—¿Acaso me creerías? ¡Por supuesto que no!, ¿verdad? Nadie en este país daría crédito a ninguna versión de que el poder no influye en la designación del rector de la UNAM. Ésta vez no será distinto. El nombre del sucesor de José Narro ha estado en escena de tiempo atrás. Su “ratificación” es cosa de formas y de cronómetro.

Quizá por primera vez, esa idea, de amplia convicción universitaria y social, siempre negada, se confirma a este espacio tanto al interior de la Junta de Gobierno como fuera de ella. Un integrante de aquélla y dos aspirantes, la comentan con la reserva de sus nombres.

La comparecencia de quienes desean regir la más grande y prestigiosa institución educativa del país, es lo más parecido a un conclavin, o habitación con la llave echada. Actualmente, se lleva a cabo de esa manera. Los 15 “notables” que integran la Junta de Gobierno optarán por uno de 10, incluidas dos mujeres. El 16 de noviembre, el doctor José Narro Robles terminará su rectorado. De inmediato se consumará su relevo.

—¿Cómo recibe “línea” la Junta para votar por tal o cual candidato? ¿Quién instruye a cada uno de sus miembros para que se incline por X, Y o Z? ¿Delibera la Junta sabiendo previamente quién será el bueno, aunque no sea el mejor?, se inquiere a uno de los protagonistas que ha vivido ese proceso. Que lo vive ahora otra vez.

—No te voy a contestar todo. No daré detalles. No debo hacerlo. Pero te recuerdo que estamos en México. Quienes detentan el poder político saben muy bien cómo usar el aparato estatal en cada momento. En toda circunstancia. En toda situación de necesidad. Y te digo lo obvio para todos: no siempre lo ejercen mirando a los demás. Invariablemente lo hacen procurando su interés y conveniencia, dice nuestro interlocutor.

—¿Es la designación del rector una especie de “dedazo”? ¿Se lo designa desde “arriba”? ¿Lo impone quien puede hacerlo?, se le pregunta.

—Sin más. No hay vuelta. Así es. Aunque se debe reconocer que la imposición no excluye la consideración de muchos factores que se sintetizan en uno: el rector tiene que ser anuente a la política que esté en boga. Y sobre todo, ser garantía de que en nuestra máxima casa de estudios no habrá problemas. Debe mantenerla tranquila. En orden. Por mi experiencia, el potencial que representa no se desestima en ningún caso.

“Sí, ciertamente es triste. No nos lo dicen, pero lo sabemos de antemano. La decisión está tomada antes de que nos entrevisten. Es una especie de juego con reglas no escritas, pero inapelables, como todo en el sistema de dominación”, coinciden los candidatos consultados.

—Todos los que queremos conducir a nuestra universidad, tenemos un proyecto. Propuestas concretas. Líneas de trabajo a seguir. En ese sentido, deberíamos tener una confrontación frente a quienes deciden, profesores, estudiantes, empleados, la sociedad. Le elección se abriría. Se democratizaría un poco… Sería extraordinario elegir al mejor entre los mejores, dicen con cierto dejo de impotencia.

Con un papel determinado. Un guión que seguir a pie juntillas. Un protocolo que cumplir y un calendario al cual hay que ajustarse, en menos de un mes, José Narro tendrá sucesor en uno de los procesos más autoritarios, cerrados, verticales, que sobreviven entre la supuesta democratización que vive México.

Empero, por ahora nada hay que hacer al respecto. Y por lo que representa la UNAM, es de desear que se elija a quien por lo menos la mantenga y dé continuidad a su importancia y su grandeza. Ése es un imperativo para que no se convierta en el polvorín en el que nadie querría verla.

 

SOTTO VOCE… Jaime Rodríguez El Bronco, Héctor Astudillo y Claudia Pavlovich, gobernadores de Nuevo León, Guerrero y Sonora, siguen en deuda con sus electores. Les ofrecieron castigar la corrupción de sus antecesores, Rodrigo Medina, Rogelio Ortega y Guillermo Padrés, y éstos están muertos de risa. Cometerán un error muy grave si no cumplen… Deplorable, el soez lenguaje del diputado panista Enrique Madero Muñoz contra el senador Miguel Barbosa… Los titulares de Gobernación y de Educación, Miguel Osorio Chong y Aurelio Nuño, cancelaron un timbre postal para conmemorar la Constitución de 1824 y, sin reservas, exhibieron la cercanía y la amistad que, de tiempo atrás, hay entre ellos… La propuesta del ministro Zaldívar sobre la marihuana ha derivado en un interesante debate que ¡hay que dar!.. La detención de profesores en Oaxaca es una muestra fehaciente de que las autoridades ya no tolerarán sus excesos y que la reforma educativa ¡va!

 

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