¿Quién es menos ratero?

Luis Cárdenas

Hemos caído muy bajo porque el debate político ya no se argumenta en la farsa de cómo evitar a los hombres que encarnan a la corrupción; ahora el Ágora pasa a las gargantas de los maniqueos

Caímos muy bajo, de pronto las ideas se esfumaron y los agravios se expandieron, no me da miedo ni tampoco me santiguo… Al final, es algo muy sano para una democracia, prefiero mil veces una guerra de descalificativos enlodados que una prohibición más del INE y nuestra represiva legislación electoral: no puedes debatir en tales circunstancias, no puedes decir que quieres ser presidente en tales fechas, no puedes decirle corrupto a tu adversario, no puedes subir logos a tus redes sociales, no puedes provocar a tu electorado, no puedes pensar que tu electorado piensa.

Pero, insisto, creo que caímos muy bajo y todavía nos falta caer más, ¿será que la neta la corrupción es problema cultural?, ¿será que la neta es que nadie se salva?, ¿quién arroja la primera piedra?, ¿darle una mordida al policía de tránsito es igual que desaparecer millones del erario?, ¿un refresco al burócrata es lo mismo que contratar a los cuates para una obra pública?, supongo que hasta en las transas hay “niveles”, ¿o no?

Desde hace mucho tiempo señalaron a Javier Duarte como un peligro para el país, para su estado, para su partido y hasta para sus allegados, tal vez hizo lo que Mubarak en Egipto, salió en la tele, anunció licencia (con fuero incluido) y grabó un video que fue transmitido mientras volaba muy lejos de la crítica social que se indigna y no lo comprende…

¿Padrés?, supongo que nadie sospechó nunca nada raro de él ni cuando construyó una presa sin permiso, ¿permiso?, ¿a poco los gobernadores deben de pedir permiso?, ¿que no era para eso el fuero?, y vino una denuncia, y una sospecha, y muchas transferencias en millones de los verdes, y otra denuncia, y un amparo, y otra, y otro, y así hasta que el show se volvió un circo barato.

Pero, de verdad, insisto en que hemos caído muy bajo, porque el debate político ya no se argumenta en la farsa de cómo evitar a los hombres que encarnan en sí mismos la corrupción (como si el mal uso de las finanzas públicas fuera solo responsabilidad de un único villano), el Ágora pasa a las gargantas de los maniqueos y sofistas (no por ello menos divertidos): ¡Tu gobernador se robó una cantidad similar al presupuesto de la UNAM!, dicen unos, ¡El tuyo se robó hasta el agua!, contestan los otros, ¡Tienes 4 gobernadores ratas!, argumentan, ¡Y tú tienes un gobernador electo que ya venía corrupto!, replican, ¡Cimbraremos al país!, gritan… Y el auditorio bosteza.

Lástima, Darío Fo hubiera hecho una obra maestra si tan solo vivía un poquito más.

DE COLOFÓN.— Fausto le llamó al que era su gobernador interino, le pidió acudir a su oficina, había unos hombres que lo acompañaban. Cuando Reyna llegó, Fausto se disculpó: estos señores quieren hablar contigo, los dejo solos un rato. Esa noche Reyna durmió en la cárcel después de muchas peticiones, con pruebas, para poderlo detener y que fueron bateando desde muy arriba hasta que el infierno fue insostenible.

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