En el túnel de ‘Los Claudios’

Héctor De Mauleón

Al final del túnel hay una pequeña bóveda, de poco más de un metro de altura. En una pared hay un agujero en el que podría caber una persona. Conduce a una segunda bóveda, en el que hay tal vez un ciento de cajas de archivo muerto.

La situación es la siguiente: es la una de la tarde y yo estoy reptando en un túnel oscuro de varios metros de largo. El túnel medirá cerca de medio metro de ancho y acaso otro medio metro de alto. He entrado con dificultad. No me es posible siquiera avanzar a gatas, así que debo arrastrarme sobre la tierra.

Todo es muy extraño, porque no estoy en una expedición de carácter espeleológico. Estoy en la colonia Condesa, arrastrándome a oscuras por el túnel que alguien abrió por razones desconocidas en el edificio de Benjamín Hill número 12. El edificio del que hace unos días las autoridades capitalinas desalojaron a un grupo de invasores y golpeadores conocido como Los Claudios: el edificio del que la delegación Cuauhtémoc recibió constantes denuncias por narcomenudeo, y que el viernes pasado comenzó a ser demolido por el GDF.

El edificio fue tomado por la fuerza, una madrugada, por los invasores. Lo he narrado antes: entraron armados con tubos, palos y armas de fuego, rompieron las chapas y sacaron a la calle a los inquilinos, sin darles oportunidad de llevarse otra cosa que lo que traían puesto.

En uno de los departamentos de la planta baja, los invasores levantaron el piso e hicieron una excavación de más de dos metros de profundidad. Luego practicaron un boquete en la pared y comenzaron a excavar el túnel hacia la casa contigua.

Los Claudios son los líderes de una organización que se hace llamar Asamblea de Barrios Poniente: los hermanos Claudio y Héctor González González. Según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDMS/873/2014, Claudio González está involucrado en el secuestro de una empresaria de origen judío.

Hace dos años, varios sujetos se la llevaron cuando intentaba ingresar a su domicilio. Exigieron dos millones de dólares de rescate.

La policía comenzó a rastrear el número telefónico desde el cual los secuestradores llamaban. Pero en una ocasión, se recibió una llamada desde un número distinto. Esto hizo que los investigadores lograran jalar el primer hilo de la madeja, porque ese número aparecía en una red de teléfonos relacionados con otros secuestros.

Siguiendo el hilo las autoridades llegaron a un edificio de la colonia Molino de Rosas, en el que un comerciante de 28 años de edad se hallaba secuestrado. Lo tenían encadenado, el rostro cubierto por un pasamontañas.

El lugar también estaba tomado por invasores de predios. Los encargados de alimentar al comerciante secuestrado, según la averiguación previa, eran Claudio González y una mujer.

Recuerdo todo esto mientras me arrastro por el túnel. Su existencia ha sido dada a conocer por los medios. Lo que falta es explicar para qué fue construido. “Para nada bueno”, pienso. Nadie hace un túnel en plena colonia Condesa, si no es con un fin perverso.

Al final del túnel hay una pequeña bóveda, de poco más de un metro de altura. El funcionario de GDF que me dio acceso al lugar enciende la lámpara de su celular. En una pared hay un agujero en el que podría caber una persona. Conduce a una segunda bóveda, en el que hay tal vez un ciento de cajas de archivo muerto.

Están repletas de expedientes: fólders de color amarillo que contienen documentación de una empresa naviera. Extraigo un par de ellos. Bajo la luz del celular, leo: “Cía. Sudamericana de Vapores, S.A”. Bajo el membrete hay una dirección de Valparaíso, Chile. Y luego, un registro de los gastos realizados por el buque “Río Bueno” en mayo de 1999: el buque pagó ese mes, por ejemplo, 8 mil 269.26 dólares por un servicio de buceo “para inspección en área submarina en busca de drogas”.

Hay un certificado de desratización y una nota de pago “a remolque por atraque”. Encuentro también la referencia de una Consignataria Oceánica, S.A. de C.V., y una dirección: Unión 2, colonia Escandón.

Miles de expedientes sepultados bajo el piso de un edificio que pronto será demolido. ¿Por qué?

En otro sitio del edificio hallo hojas olvidadas que registran las cuotas que deben pagar ambulantes de Cuajimalpa: “Cuatro carros de elotes, Bosques, 400 pesos. Tamales, Av. Santa Fe, 500 pesos. Tacos, Chamizal, 800 pesos”.

Hay también un cuaderno anaranjado en el que está anotada una cuenta de Twitter: @VPub_Cuajim. La cuenta tiene mil 132 seguidores y sigue por su parte a 373. En su mayoría, políticos.

Todo resulta extraño y turbio. Salgo de nuevo a la calle, y siento como si acabara de abandonar una alcantarilla. Las alcantarillas de la política.

@hdemauleon

[email protected]

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios