500 cámaras siguieron a los asesinos de la Narvarte

Héctor De Mauleón

Son las 13:36 del 31 de julio de 2015. Una cámara de vigilancia de la ciudad de México registra el encuentro entre Daniel Pacheco, Abraham Torres Tranquilino y Omar Martínez Zendejas. El punto de reunión es calzada Taxqueña, a unos pasos del domicilio de este último. A bordo de una camioneta tipo Suburban de color azul metálico, los tres sujetos inician el viaje a la calle Luz Saviñón que culminará con el asesinato a sangre fría de cinco personas.

El recorrido de la Suburban con rines cromados y placas del Estado de México (MGR 7855) queda registrado en las cámaras de la ciudad, según constancias que obran en el expediente en manos del Poder Judicial. La Suburban recorre calzada de Tlalpan hacia el norte, dobla en Correspondencia, se interna en la colonia Narvarte. Nadie la sigue. Los asesinos viajan solos.

Los datos contenidos en cuatro antenas de telecomunicación dispuestas a lo largo del trayecto, demuestran que los delincuentes usaron sus teléfonos todo el tiempo: llamaron y textearon sin parar durante los 30 minutos que les tomó llegar al departamento de la colombiana Mile Virginia Martín.

En esa media hora, Abraham Torres Tranquilino, quien presuntamente reveló a los otros que la colombiana había recogido del aeropuerto un paquete con droga, le marcó a Mile Virginia siete veces.

La cámara de un particular ve pasar la camioneta por Zempoala. Los delincuentes la estacionan y bajan de ella decididos. Los tres traen gorras. Dos de ellos usan lentes oscuros. A Omar Martínez se le distinguen los tatuajes que se ha hecho en los brazos. Abraham Torres vuelve a marcarle a Mile. Son las 14:10. Esta llamada durará 50 segundos. Mientras Abraham habla, los otros dos se rezagan un poco.

Abraham avanza solo hacia el edificio y toca el timbre. Deja la puerta abierta para que entren los otros dos. Son las 14:13.

Las cámaras no vuelven a registrar movimiento hasta las 15:02, en que salen dos de ellos con una maleta negra. Uno sube a un Mustang aparcado frente al edificio y el otro avanza por Luz Saviñón, arrastrando la maleta. Son Abraham Torres y Daniel Pacheco. Omar Martínez se queda en el departamento hasta las 15:08. No se sabe qué ocurrió allí, pero las constancias indican que sólo se empleó un arma, calibre .9mm, y que la primera en morir fue la empleada doméstica. Siguieron: la activista Nadia Vera, el fotoperiodista Rubén Espinosa, Yesenia (la roomie de Mile) y, finalmente, la joven colombiana —única que mostró señales de abuso y tortura.

A las 15:08 se ve a Omar Martínez salir de prisa, cubriéndose con la mano algo que lleva oculto en la cintura. Daniel Pacheco ha subido a la camioneta. Abraham Torres espera en el volante del Mustang. Omar ocupa el asiento del copiloto.

Los asesinos dirán después que el Mustang no desbocaba. Diversas cámaras registran el paso del auto deportivo, prácticamente a vuelta de rueda y con las intermitentes encendidas. Los autos se separan. La Suburban toma Avenida Universidad. El Mustang rueda por Eje 4 Sur hasta la calzada de Tlalpan, en donde otra cámara registra los tatuajes en el brazo de Omar.

A las 15:50, el Mustang desaparece. Vuelve a aparecer a las 18:34 cuando otra cámara de Tlalpan lo capta en el momento de ser empujado por la Suburban. Los asesinos dirán luego que el auto falló por completo y tuvieron que meterlo al estacionamiento de un hotel, hasta que Daniel Pacheco regresó por ellos.

A las 19:02, empujados siempre por la Suburban, los delincuentes se detienen en el estacionamiento de un Seven Eleven. Están cerca del sitio donde iniciaron el viaje. Omar Martínez y Daniel Pacheco cuchichean, se ponen de acuerdo. A las 19:07 estacionan el Mustang en una calle de la delegación Coyoacán que tiene camellón. Sacan la maleta negra de la cajuela, así como un folder y algo que parece un aparato de sonido, y llevan todo a la Suburban.

A las 19:12 son vistos por última vez.

Según el expediente consultado por el columnista, en los días posteriores al crimen, Daniel Pacheco pintó la camioneta y oscureció el cromo de los rines. Pacheco había dejado, sin embargo, una huella en el departamento. No sólo eso: las placas de su vehículo habían quedado grabadas en cerca de 500 cámaras.

En ninguna de esas cámaras, se afirma en las constancias, hay evidencia de que alguien más hubiera participado en el robo.

@hdemauleon

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