Por Araceli Cortés García, Lucia Ortega Cabello, Beatriz González Hidalgo y Esmeralda Mónica Peña González.
¿Sabías que un pez estresado sabe diferente? No es un mito: el bienestar de estos animales determina directamente el sabor, color, forma y textura de la carne que llega a nuestra mesa. Quienes se dedican a la acuicultura lo saben bien. Producir pescado de calidad es una carrera de fondo que exige atención diaria: limpiar estanques, clasificar tallas, combatir enfermedades y movilizar la mercancía para su venta. Sin embargo, en ese ajetreo diario, la manipulación y el transporte disparan las alarmas biológicas de los peces. El estrés debilita su sistema inmune y disminuye la calidad del producto final, lo que se traduce en mortandad, pérdidas económicas para el sector y, peor aún, en el desperdicio de un alimento vital. ¿Cómo se podría apoyar al productor a enfrentar este desafío?
La respuesta podría estar en mirar hacia nuestras raíces. Un trabajo conjunto y multidisciplinario entre productores, estudiantes e investigadores está abriendo una vía fascinante: rescatar la riqueza de la medicina tradicional mexicana. El uso de aceites esenciales, como la pasiflora y el clavo, se perfila hoy como una alternativa innovadora, económica y sustentable para relajar a los peces.
El desarrollo de una investigación en la que se propone el uso de extractos vegetales como medicina vegetal para uso en algunas especies de peces ya que tienen semejanza del 70% con el ser humano, permitiendo realizar pruebas farmacológicas con plantas medicinales conocidas por su actividad calmante y sedante, favoreciendo la disminución del estrés y sus consecuencias en los peces.
Comparado con otras especies como los roedores, el uso de los extractos naturales en peces permite la manipulación ética y responsable de las especies bajo cultivo como la tilapia, carpa, charales o la trucha como se ha observado en análisis de química proximal y evaluación de la carne. Por ello, se busca evaluar la dependencia de fármacos sintéticos que suelen dejar residuos químicos en el agua y en la carne que llega a la mesa de los consumidores. Pero ¿cómo se puede realizar un proyecto conjunto sin tener áreas del conocimiento aisladas? Bien, pues las necesidades actuales de la producción acuícola requieren de atención por parte de los profesionales desde estudiantes hasta investigadores en donde pueden converger áreas como Agronomía, Biología, Medicina Veterinaria y Zootecnia y Químico Farmacobiólogo buscando soluciones a las problemáticas reales de la producción que aporte en seguridad alimentaria, sanidad animal, mientras se forman profesionales con proyectos que el país requiere hoy, no dentro de diez años.
La fusión de habilidades y conocimientos no se debe limitar a las aulas si no que debe permear con la aplicación de los conocimientos de las áreas, por ejemplo, el cultivo e identificación de plantas medicinales que se pueden emplear en la producción acuícola es injerencia de la Agronomía, la fisiología animal, índices de estrés, comportamiento de las especies, parámetros de bienestar físico es competencia de la Biología, por otra parte los QFB con su rigor analítico y farmacológico caracterizan los principios activos y su función terapéutica para que se puedan emplear en las dosis idóneas para evitar efectos adversos y finalmente la decisión de que un pescado pueda o no consumirse, su calidad e inocuidad son competencia de los Veterinarios como profesionistas responsables de la salud pública. Aunque estos proyectos inician en una etapa de proyectos modulares a nivel licenciatura, conforme se obtienen resultados, estos escalan a nivel posgrado permitiendo así la vinculación entre áreas y comunidades pesqueras y acuícolas que requieren atención, con el propósito de enseñar, promover y difundir el manejo responsable de las especies que se cultivan logrando así la formación de capital humano por parte de la Universidad y un asesoramiento genuino y oportuno para las comunidades que en conjunto generan conocimiento.
La producción animal y la generación de alimento en cantidad suficiente y de calidad es un proceso que permite el uso de sustancias activas naturales para mejorar las prácticas de producción, garantizar el bienestar animal y obtener productos que puedan aportar los nutrientes necesarios para la población sin causar daño. Esto se puede lograr bajo el enfoque directo del sistema modular que lleva la Universidad Autónoma Metropolitana en la unidad Xochimilco en donde se prioriza el aprendizaje basado en problemas reales de la sociedad, búsqueda de alternativas que den solución a las problemáticas a través del diálogo de saberes entre comunidades. Asimismo, al involucrar activamente a estudiantes de nivel superior y posgrado en proyectos vigentes y pertinentes con alto impacto en las comunidades la Universidad rompe con las barreras del aislamiento científico y da cumplimiento con las actividades sustantivas de docencia, investigación y preservación y difusión de la cultura.
Por lo tanto generar proyectos multidisciplinarios demuestra la necesidad del trabajo colaborativo e integrado en donde los conocimientos tradicionales y científicos convergen y requieren de atención por parte de los universitarios e investigadores. Estos conocimientos y herramientas contribuyen al futuro de México de forma limpia, ética y sustentable, al mismo tiempo que responden a los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) del marco estratégico de la Organización de las Naciones Unidas (FAO), principalmente en lo relacionado con hambre cero, vida submarina, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables.
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