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Hay quienes están vendiendo su voto al mejor postor, y es hora de preguntarse —antes de condenarlos por ello— si ante la vacuidad de las campañas y lo indiferente que les ha resultado para sus condiciones de vida que unos u otros gobiernen, si no es lo más racional que pueden hacer con su voto.
El pasado miércoles dentro de un local en un estacionamiento del centro histórico de Zacatecas, un grupo de periodistas descubrió que el Partido Verde estaba regalando exámenes de la vista y lentes. La presencia de los reporteros llevó a los del partido a cerrar las puertas del local, lo que provocó que los beneficiarios agredieran verbal y físicamente a los representantes de la prensa. Esas personas, según cuenta la nota del periódico Zacatecas en Imagen, son originarias de colonias y comunidades aledañas a la capital y llevaban desde la seis de la mañana esperando pasar el examen y recibir sus lentes.
El incidente es revelador. El gentío que hacía ese día cola fuera del local tiene acceso, como la inmensa mayoría de los mexicanos, a servicios de salud muy pobres e ineficientes. Las promesas del seguro popular acabaron, las más de las veces, en inmorales y cuantiosos desvíos de recursos por parte de los gobiernos estatales y en hospitales desbordados sin capacidad humana, tecnología ni medicamentos para atender a la gente. ¿Por qué perderse entonces la oportunidad de un examen de la vista gratuito con todo y lentes incluidos?
Me viene a la mente el dicho de: Más vale pájaro en mano que cientos volando. ¿Qué partido ha hecho la diferencia en sus vidas como para que se abstengan de recibir algo tan concreto? Ninguno. ¿Quién les está ofreciendo un proyecto atractivo que les haga pensar y creer que pueden cambiar sus condiciones de vida? Nadie. ¿Y qué les dicen los spots? Nada. Puras frases hechas y mensajes irrelevantes que a lo más a lo que han aspirado en estas elecciones es a llamar la atención vía la comicidad o el ridículo.
Las campañas son sin embargo para mucha gente el único momento en que los (muy ricos) partidos políticos se interesan por ellos. Unos llegan con despensas, otros les organizan mitin con comida y música en vivo incluidas, otros les ofrecen los exámenes de la vista y los lentes. Fuera de las campañas nadie los procura.
En Quintana Roo, el Partido Verde parapetado detrás de varias fundaciones inexistentes como Fundación Familia Verde o Niños Verdes por Amor a México regala desde hace años una despensa al mes a personas que tiene inscritas en el padrón del partido. El costo de cada despensa en el supermercado local es de 230 pesos.
Que sea racional vender el voto, y por tan poco, no deja de ser indignante. ¿Quién en una situación económica con el mínimo garantizado o con acceso a servicios de salud dignos pasaría parte de sus días haciendo colas por 230 pesos al mes o para que le hagan un examen de la vista? Es un retrato del país, pero también del estado de nuestra democracia. Porque electores muy similares y en situación económica parecida fueron los que en su momento sacaron al PRI de Los Pinos y provocaron alternancias en sus estados. Es decir, en ciertos escenarios, cuando los partidos, candidatos o la sociedad logran (o lograban) comunicar que algo importante estaba en juego, un proyecto, una nueva opción, esos mismos electores salieron a votar contra quien estaba en condiciones de ofrecerles más bienes materiales a cambio de su voto.
La paradoja es que un proceso electoral que no despierta interés es un proceso en el que las prácticas clientelares tienen más peso y por lo tanto los partidos mayor control sobre sus votantes cautivos. O sea, les conviene.
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