Miguel Ángel Yunes parecería creer que el resultado electoral de Veracruz lo eximirá de sospechas y que las urnas marcaron una celestial diferencia entre la limpieza que él encarna y la inmundicia del gobernador Javier Duarte. Habla como si la historia hubiera dictado su última palabra.

Un ejemplo. Con la arrogancia de un mal candidato victorioso y la superioridad del justiciero, dijo ayer en la entrevista que Horacio Jiménez y Edgar Ávila publicaron en EL UNIVERSAL, que no sólo meterá a Duarte a la cárcel, sino que su decisión será un hecho de justicia para los veracruzanos empobrecidos y endeudados, y no una cacería de brujas.

Yunes denunció en abril a Duarte por enriquecimiento ilícito. El tiempo está corriendo, pues. Ya se verá qué tan apto es para judicializar con éxito desde el poder esa acusación. Lo demás es rollo. De candidato o gobernador, da lo mismo.

Aprovecho el momento de euforia de quien el 1 de diciembre asumirá funciones en Veracruz para retrotraer la esencia del texto que publiqué aquí el 26 de abril, cuando Yunes se quejaba de una guerra sucia y acusaba a medios y periodistas de indecencia y media. Eran los días en que se difundían notas sobre sus bienes y de su familia:

“Quizá el desprestigio de Duarte y la atomización del voto le alcancen para sobrevivir el 5 de junio. Pero de que ha quedado cubierto por un manto de oprobio, tengo pocas dudas. Dirá que son mentiras. El problema para él es que hay demasiadas pruebas en la mesa para taparlas con el lenguaje de la victimización. Por eso pienso que independientemente de lo que pase el 5 de junio, Miguel Ángel Yunes está perdido”.

Propuse por esas fechas que si Yunes perdía los comicios, las investigaciones legales y periodísticas sobre su patrimonio no cesarían. Y que si ganaba, proliferarían, se multiplicarían a un grado que tal vez no hayamos visto con gobernador alguno.

Un millón de veracruzanos confiaron en Yunes y lo apuntalaron con su voto. Dos millones de veracruzanos no creyeron en él. Los ciudadanos están castigando con fiereza a los gobernantes tocados por la presunción de corrupción. No recuerdo, al menos en este siglo, a uno que asumiera el cargo con tantas sospechas sobre su fortuna, como Miguel Ángel Yunes. Y sólo estará dos años en el cargo.

El triunfo del domingo no borra ni cancela su pasado. Podemos imaginar cómo será la elección de gobernador en Veracruz en el cercano 2018. Sigo pensando que está perdido.

MENOS DE 140. Ninguna de las aduanas del túnel del Reclusorio Oriente estaba funcionando cuando se fugaron los dos secuestradores la semana pasada.

gomezleyvaciro@gmail.com

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