El presidente Peña Nieto se encontraba de muy buen humor

Ciro Gómez Leyva

El presidente Peña Nieto no estaba deprimido por la derrota electoral del PRI, ni decaído por el endurecimiento de las protestas de la CNTE, o abatido por los malos presagios tras el rechazo británico a la Unión Europea. Al Presidente se le veía animado en la larga plática en Los Pinos con un grupo de periodistas el viernes en la tarde. Es más, estaba de muy buen humor.

Mejor así, me dijo uno de los periodistas al pararnos de la mesa. Mejor un Presidente relajado que uno afligido o vengativo. Enrique Peña Nieto respondió cada pregunta. Nos adelantó que no pedía el off the record, “porque el off the record no existe, es lo primero que te enseñan en un media training”. Bromeó, disertó, incluso polemizó cuando se tocaron la corrupción, la negociación con la CNTE y la panorámica electoral de 2018. Y se rió mucho. Creo que la pasó bien. Dice la dramaturga creadora de Los monólogos de la vagina, Eve Ensler, que si las personas no pueden reírse, tampoco pueden encontrar la parte de sí mismas que tiene la capacidad de tener esperanza; y sin esperanza, uno no puede cambiar las cosas.

Mis colegas se fueron marchando. Quedar al final de la cola me permitió charlar unos minutos a solas con él. Me preguntó si había leído la trilogía El Africano, de Santiago Posteguillo. No la he leído. El Presidente me hizo una rápida sinopsis interpretativa sobre Publio Cornelio Escipión, el político y general romano conocido como El Africano, y la forma en que terminó derrotando a Aníbal, luego de que los ejércitos de Cartago cercaron Roma y estuvieron a un zarpazo de apoderarse de la capital del imperio. “Léela, te va a gustar”, me despidió. “Lo cerca que estuvo Roma de caer en manos de los que representaban los valores opuestos”.

Quiero pensar que con esa referencia literaria e histórica buscaba reforzar su secuencia de respuestas sobre Andrés Manuel López Obrador y el 2018. Yo le había dicho en la mesa que la escena está puesta para que gane. Porque no hay a la vista un candidato fuerte que lo pueda vencer, cuenta con un voto duro del orden de los 15 millones, parece que aprendió de sus errores de campaña y, especialmente, competirá en un momento antisistémico que le debe ser favorable. Habría agregado la frase sobre el Brexit del ex primer ministro británico, Tony Blair, pero la leí hasta el sábado: “Hoy hay pruebas de que la política insurgente puede tomar un país”.

Sin ostentar la investidura, respondió que el México sistémico, institucional, es más grande que el antisistémico, y que ya lo íbamos a ver, porque son millones más los mexicanos que expresarán su defensa por un país con visión de futuro, de libertades, responsabilidad económica y reformas estructurales. Y que no nos obsesionáramos con el candidato del PRI, porque una elección nacional es algo tan grande que puede darle oportunidad de ganar a alguien que hoy sólo sea conocido por el 1% de la población.

—¿Un personaje que hoy es conocido por el 1% de los mexicanos podría ser el candidato del PRI?

—¿Por qué no?, —respondió con otra sonrisa—. De que te conocen en una campaña nacional, te conocen.

El presidente Peña Nieto no está reflexionando sobre la muerte, sino sobre la vida. Esa para mí fue la nota de la conversación de cuatro horas. Además de su buen humor, claro. Y de Escipión El Africano.

El Peña Nieto del viernes 24 de junio nada tenía que ver con aquel personaje de visión monocromática de hace no tanto. Hoy tiene la óptica multicolor de la incertidumbre, los riesgos y los desafíos. Entre bromas y risas, parece todo, menos un alma simple con poder.

MENOS DE 140. Vas a verlo, el diálogo con la CNTE terminará dando frutos: el presidente Peña Nieto.

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