El gobierno ya tiró la toalla

Alejandro Hope

El lunes pasado, en un acto público, alguien le dijo verdades de frente al presidente Enrique Peña Nieto.

Ese alguien fue María Elena Morera, presidenta de Causa en Común, una organización de la sociedad civil especializada en temas de seguridad pública. En su discurso de apertura del foro Sumemos Causas, la activista hizo un diagnóstico aterrador de la situación de seguridad en el país. Entre otros, mencionó los siguientes datos:

En uno de cada tres hogares mexicanos, hay por lo menos una víctima del delito.

Siete de cada diez mexicanos se siente inseguro en su ciudad.

Septiembre fue el mes con más homicidios dolosos de los últimos cuatro años, acumulando más de 2000 víctimas en 30 días.

A nivel nacional, el número de homicidios ha crecido 20% con respecto al año pasado.

En 22 entidades federativas, los homicidios han aumentado en 2016, espectacularmente en algunos casos. En Colima, se han triplicado. En Veracruz se han duplicado. En Michoacán y Nuevo León, el incremento ha sido mayor a 50%.

Y ante esa realidad, ¿qué respuesta hay de las autoridades? Una muy débil, como bien detalló María Elena Morera:

La mayoría de los policías del país no cuentan con seguro médico, salarios dignos o profesionalización suficiente.

En las policías no se aplican los protocolos vigentes en materia de reclutamiento, control de confianza, profesionalización, sistemas informáticos y régimen disciplinario.  

Ante la debilidad de las policías, las Fuerzas Armadas deben ejercer funciones de seguridad pública sin un marco legal adecuado.

Cuatro de cada 10 reos se encuentra en reclusión sin haber sido senteciado.

Los fondos dedicados a la seguridad a menudo se subejercen o se malversan, sin mayor consecuencia para las autoridades.

En resumen, el discurso fue la crónica de un desastre. Pero lo más interesante es que lo pronunció frente al Presidente de la República, el secretario de Gobernación y el procurador General de la República, entre otros altos funcionarios. Lo mínimo que se puede decir es que no les cayó en gracia.

Pero se les dio la oportunidad de responder. Después de María Elena Morera, tomó la palabra el presidente Enrique Peña Nieto ¿ Y que hizo con ella?

1. Comparar la tasa de homicidio de 2012 con la de 2015 y asumir que la de 2016 será parecida a la del año pasado (algo básicamente imposible dado el incremento del número de homicidios en este año).

2. Aceptar que ha habido un repunte en la violencia homicida, pero que ya se está trabajando en ello con intervenciones en las cincuenta ciudades con más asesinatos (una estrategia que probablemente no funcionará por razones que se explican aquí: http://eluni.mx/2c6NAnx).

3. Presumir la construcción de unos centros regionales de inteligencia (cuya utilidad se desconoce) y el lanzamiento del número único de emergencia (el 911).

4. Alardear sobre la coordinación con estados y municipios (¿dónde habré escuchado eso antes?).

5. Señalar ufano que “330 mil policías se han capacitado y más de seis mil mandos de todas las fuerzas del país han recibido preparación” (¿De qué tipo? Se ignora).

6. Convocar a definir “una agenda que nos permita afinar con mayor precisión, la política que en materia de seguridad pública debe seguir el Estado mexicano” (el cuarto año de gobierno no es habitualmente el mejor momento para definir agendas).

Dicho de otro modo, no hubo nada que mostrase sentido de urgencia, empatía con los ciudadanos comunes y corrientes, o pensamiento original.

Si eso es todo lo que puede ofrecer el Presidente tras un reclamo como el de María Elena Morera, no queda más que una conclusión: el gobierno ya tiró la toalla y se apresta a simplemente administrar el desastre.

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@ahope71

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