¿Por qué se llama así "El Torito", la pesadilla de fiesteros?

Mochilazo en el tiempo

Temido, famoso y hasta considerado como un lugar para reflexionar, en el norte de la Ciudad de México se encuentra el único sitio que recibe a todo aquel ciudadano que realice acciones que alteren el orden social. Conocido como “El Torito”, este centro se construyó en lo que fuera considerado el primer rastro más higiénico de la capital

Texto: Cristian Kemchs

Fotografía: Juan Carlos Reyes

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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La sangre no corre más por estos pasillos. El olor a metal que desprende el líquido rojo ha desaparecido. No se ven, como en 1929, más animales colgados de un garfio y abiertos en canal, ni carniceros vendiendo sus cortes. Ahora en lo que fue considerado por la prensa de finales de los años 20 como el primer rastro más higiénico de la Ciudad de México, es donde se encuentra el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social, mejor conocido como “El Torito”.

En este lugar se ha asentado la fetidez de la transpiración de un considerable número de personas arrestadas que sufren la resaca en el encierro; cuerpos que se deshidratan después de haber consumido alcohol y que mínimo llevan 24 horas sin aseo.

El escenario ya no es el mismo, donde antes llegaba en tren el ganado que era sacrificado para consumo humano, hoy arriban en patrullas personas que infringen leyes administrativas o cívicas para ser resguardadas detrás de la muralla de ladrillos color naranja que conforma “El Torito”.

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Fachada del Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social lugar en el que son encerrados las personas que dan positivo a las pruebas del alcoholímetro.  

En el interior, los pasillos de dos tonalidades de color verde que sofocan al entrar, hacen que voltees hacia el alto techo. Donde ahora hay cerca de 30 celdas, que tienen la capacidad para albergar a 124 infractores (72 en el área de hombres y 52 en la de mujeres), antes en este espacio se respiraba el olor a sangre de los animales degollados, según narran los vecinos.

Ubicado en la avenida Aquiles Serdán, esquina con Lago Gascasónica en la delegación Miguel Hidalgo, este sitio que se llamó Rastro de la Villa de Tacuba fue inaugurado el 11 de abril de 1929 por Luis Alonso, Jefe de Rastros y Mercados del Departamento Central y desapareció en 1958 debido a su estado de abandono luego de 29 años de actividad.

Por órdenes del entonces presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines, y del jefe del Departamento del Distrito Federal, Ernesto Uruchurtu fue que en 1958 se renovaron varios establecimientos en la ciudad que se encontraban en situaciones insalubres. Así lo registró la nota publicada en EL UNIVERSAL el 28 de octubre de ese año, donde el reportero José Luis Parra informaba que la entonces administración había inaugurado en un solo día 12 obras, entre las cuales se destacaba la Cárcel Municipal de Tacuba (creada para que sirviera como auxiliar de la Cárcel del Carmen).

Esta penitenciaría (de una extensión de mil 730 metros cuadrados, equivalente a una cuadra), que se construyó en parte de los terrenos que ocupó el Rastro de Tacuba a los tres años, en 1961, se convirtió en el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social que por el lugar de su ubicación heredó el sobrenombre de “El Torito”, el único centro en la capital para atender infracciones administrativas o cívicas, que afectan la armonía de la sociedad.

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 "El Torito" cuenta con personal de ambos sexos para custodiar a todo aquel infractor que que comenta faltas cívicas de carácter administrativo.

Antonio Hazael Ruiz Ortega, subsecretario del Sistema Penitenciario, comentó en entrevista que las primeras personas que ingresaban a lo que fue la Cárcel Municipal de Tacuba fueron individuos que ya se encontraban sujetos a un proceso penal, dictamen que cambió cuando el giro del pequeño centro de reclusión se modificó en 1961 hasta lo que a la fecha conocemos como “El Torito”, el cual sólo recibe arrestos con duración de 20 a 36 horas por faltas cívicas de carácter administrativo y no por sentencias, ni sanciones de carácter penal.

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Antonio Hazael Ruiz Ortega, subsecretario del Sistema Penitenciario, explicando que los arrestados jamás son encerrados en sus celdas y pueden salir al patio o asistir a distintas actividades cívicas con toda la libertad. 
 

Le llamaban el barrio loco

Algunos de los vecinos más antiguos de la colonia tienen presente la postal del ayer y del ahora. Los más jóvenes sólo tienen conocimiento de lo que antes existió, pero ya no les tocó atestiguar este lugar donde se sacrificaba el ganado, ahora sólo son testigos de los hombres y mujeres que diariamente, aunque más en fines de semana, pisan “El Torito”.

Rodeada de hígados, corazones y demás vísceras de reses, Lucía, de 87 años, platica con nosotros sobre aquellos días de cuando era una niña de ocho años y veía cómo bajaban el ganado del tren que paraba muy cerca del Rastro de la Villa de Tacuba. Ella rememora cómo los carniceros sacrificaban y preparaban la carne. Su memoria parece estar intacta, a pesar de su edad, no se le olvida aquella escena cuando aquellos hombres quitaban la piel a las reses.

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La calle donde se encontraba el Rastro de Tacuba a finales de los años 20 permaneció por varios años sin pavimentar. Es nuestra foto compartiva antigua. 

El tren sigue pasando, el ruido de las ruedas al chocar con las vías se escucha a la distancia, pero ya no hay más reses y el rastro ya no tiene las dimensiones originales. En un principio este matadero abarcaba en lo que hoy es el Mercado Gascasónica, también conocido como “El Piojito” —donde Lucía tiene su local de vísceras— y lo que es el Centro de Sanciones Administrativas. A esta zona, según algunos vecinos, se le conoció como el Barrio Loco porque en aquellos años era común ver a los hombres ensangrentados y portando grandes cuchillos y afiladores: eran los carniceros.

Todo ha cambiado, dice Lucía, quien recuerda que en los terrenos del actual mercado estaba “el departamento de carneros y cerdos. Donde está ‘El Torito’ era la parte de las terneras y reses”. La mujer que nació en el número 5 de Lago Gascasónica explica que “la colonia era pequeña, solo estaba el callejón chueco, como le decimos todos acá. El ganado bajaba por la calle Cañito 25 (una vía cercana), ahí se encontraba una estación que ya desapareció; aunque el tren aún pasa ya no se detiene en este sitio, llega hasta Petróleos a cargar”.

A pesar de las trasformaciones, en la zona aún no se ha podido erradicar distintas problemáticas como la inseguridad que ha persistido desde que la colonia tenía gran actividad gracias al rastro, considera la mujer de 87 años, además, dice que actualmente en la zona se están construyendo varios edificios de departamentos, que a su juicio, no tienen planeación, ni consideración de los servicios que demandaran los nuevos vecinos.  

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Aspecto de la calle Lago Gascasónica donde se encuentra una de las dos entradas de "El Torito". Al fondo a la izquierda se puede apreciar el inicio del predio que hoy ocupa el Mercado Gascasónica, también conocido como “El Piojito”. 

Josefina Marcelo Gaytán, una comerciante de 52 años y vecina de la zona, rememora precisamente la escena de inseguridad: “Esta colonia era peligrosa, los carniceros estaban bien locos, eran agresivos, aquí en el callejón que está junto a lo que era el rastro y que ahora es ‘El Torito’ la violencia y delincuencia eran algo habitual”. Para ella desgraciadamente hoy en día se le podría decir el mismo nombre y hasta lo consideraría como más peligroso, pues antes se respetaban a las familias y a los vecinos. “Ahora tú caminas por ahí y te asaltan aunque vivas en esa misma unidad”, narra Josefina.
 

A unas horas de Navidad

"La neta me hizo un paro ‘El Torito’ porque me puede haber matado o, peor aún, pude haber matado a alguien", recuerda Eva G, joven de 26 años de edad que detuvieron la madrugada del 24 de diciembre de 2016 luego de que no pasará el alcoholímetro que la inmovilizó en la avenida Paseo de la Reforma a la altura del Ángel de la Independencia.

Ella evoca la experiencia como algo que no le gustaría volver a vivir, por eso mismo, quizá, posterga la fecha para pagar las horas que quedó a deber, pues Eva accedió a un amparo que le permitió salir para pasar la Nochebuena con sus familiares sin que nadie de ellos, a excepción de su hermana, se enteraran de lo sucedido.

Reconoce que ahora es más responsable, pues conoce las consecuencias de combinar el alcohol con el volante como aquel día en el que se encontraba bebiendo en su nueva casa, fecha en la que se le hizo fácil tomar las llaves de su auto para ir por un amigo luego de haber bebido de más.

“Estaba en mi nueva casa, tomando una cerveza que acababa de salir por la temporada, me emocioné tanto que me terminé el six y enseguida salí por más alcohol, luego llegó mi hermana y bebí más, nos picamos y sacamos una botella de tequila que teníamos, en eso se nos ocurre que es buena idea ir por un amigo que vive cerca de mi casa, pero como no conocía mucho la zona y estaba ya algo tomada resulta que terminó hasta el Ángel de la Independencia y es cuando me doy cuenta de que no solo estoy conduciendo bajo el influjo del alcohol, sino que traigo una botella de tequila y sigo bebiendo”, narra Eva a seis meses de lo sucedido.

Luego de haber excedido 0.40 mg de alcohol en la sangre, Eva cuenta que cuando la iban a trasladar al “Torito” tuvo un shock porque se encontraba ebria, ella pensaba e imaginaba que los policías hombres que la iban a trasladar la violarían camino a la penitenciaría. “Creo que me alteré porque venía en un pésimo estado y exigí que si me iban a llevar quería que me acompañara una mujer policía”, condición que fue cumplida por la autoridad.   

Una vez dentro del “Torito”, con algo de miedo y mucho alcohol ingerido, Eva narra que al momento de  retirarle sus pertenencias fue complicado, pues le hicieron tres revisiones ya que ella ocultó sus pertenencias, pues tenía temor a que la robaran. Lo que causó molestia en la policía que la auscultaba.

Eva rememora que en la estancia a la que fue trasladada, donde pasó la noche con otras tres mujeres arrestadas, una por prostitución, otra por tomar en la calle y la tercera por una riña, lo primero que le dieron fue un café cargado.

La madrugada del 24 de diciembre, Eva durmió en una cama de piedra con "un colchoncito" y una cobija. Mientras, su hermana tramitó un amparo para que saliera a las ocho de la mañana y pudiera pasar la Navidad con su familia. En lugar de cenar los romeritos y agua de sabor que darían en el “Torito”, ella comió pavo con espagueti y ensalada de manzana en el comedor de su hogar.

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Por las noches es común encontrarse en las principales vialidades de la Ciudad de México con elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la capital encargados de realizar las pruebas de alcoholemia. Al Alcoholímetro se compone de una boquilla desechable por medio de la cual se mide el grado de alcohol en la sangre, a través del aíre de los pulmones. Foto: Valente Rosas. EL UNIVERSAL.

A Irving Pineda también le ha tocado pasar una noche en “El Torito”, luego de atreverse a manejar con unas copas de más. Él rememora que ese día se encontraba de fiesta con sus amigos por el oriente de la ciudad a pesar de que él vive en el norte.

“No vuelvo a regresar al ‘Torito’, de hecho ya pague las horas que debía con gran pesar, y eso porque fueron dos policías a buscarme hasta mi casa, sino ni regresaba”, explica Irving, un joven de 25 años de edad, quien cuando fue a pagar las más de 12 horas que debía, recuerda muy bien que la experiencia fue muy distinta al asistir sin una sola gota de alcohol en su cuerpo: el olor a crudo lo asqueo.

En su primer arresto, en octubre del 2016, narra que le tocó dormir por unas horas en el suelo de los pasillos, sin colchón, ni cobijas, pues ese viernes “El Torito” se encontraba sobrepoblado, motivo por el cual tuvo que soportar un frío intenso y desagradable que lo obligó, dice, a tramitar un amparo para poder salir, no sin antes haber comido a su gusto “unos malos chilaquiles”, uno de los platillos más tradicionales y conocidos de “El Torito”.

Mientras, Enrique R, un joven de 26 años de edad, originario de Toluca, cuenta a EL UNIVERSAL que el domingo 19 de marzo de  2017 en la calle Hamburgo de la Zona Rosa fue detenido luego de que la autoridad lo encontrará bebiendo en la vía pública. Aunque Enrique no ingresó al “Torito”, pues él accedió a dar una mordida de 3 mil 500 pesos al juez cívico, el cual recuerda que era un “señor de entre 45 y 50 años de edad, de piel blanca, medio calvo y educado. Una persona que se veía que sabía con exactitud qué hacer”.

A pesar de presentar algunos casos de corrupción como este que daña la imagen de “El Torito”, el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social se ha convertido en un modelo que ya se comenzó a replicar en la ciudad Querétaro y se prevé que a finales de este año se lleve al norte del país, todo con la finalidad de ayudar a concientizar a todo aquel ciudadano que afecte la convivencia social.

Y es que el operativo conocido como el alcoholímetro inició en la capital el 19 de septiembre del 2003 como parte del programa Conduce sin Alcohol, para evitar accidentes viales por manejar en estado de ebriedad. Desde entonces el nombre de “El Torito” comenzó a tener mayor fama, aunque este centro ya existía desde 1961.

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Desde el 2003 el programa "Conduce sin Alcohol" ha contribuido a reducir en un 30% el índice de accidentes fatales asociados con el consumo de alcohol, principalmente entre jóvenes. Foto: Tanya Guerrero. EL UNIVERSAL.
 

Infractores sin distinción

No es un after cualquiera. Aquí no hay más alcohol y los concurrentes no llegan por su propia voluntad o pie. Entre los invitados no sólo se encuentra gente que bebió de más y se atrevió a manejar, también hay personas que fueron pilladas bebiendo, orinando o peleando en la calle. No hay distinción de clase como en los más exclusivos clubs, aquí igual te puede tocar convivir con famosos, profesionistas o personas en situación de calle.

EL UNIVERSAL realizó una visita a este centro. Era martes a las 11:00 de la mañana. El día no era tan concurrido, las más de 20 personas que se encontraban arrestadas estaban reunidas en una sala viendo una película sobre el alcoholismo.

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Una vez dentro a todos los infractores se les invita a participar en pláticas y proyecciones de documentales sobre el alcoholismo. 

Las celdas tienen una capacidad de hasta cuatro personas, las cuales nunca están cerradas. Normalmente durante el día, los arrestados pueden andar libremente en el patio o en las áreas de uso común participando en algunas de las actividades que se desarrollan, sobretodo cívicas, culturales, deportivas, recreativas, nos comenta el subsecretario del Sistema Penitenciario, quien agrega que “El Torito” además cuenta con una biblioteca equipada, una sala de usos múltiples donde se les dan pláticas que tienden precisamente a la inducción o fortalecimiento de algunos valores para tratar de evitar que regresen por consumo de bebidas en la vía pública, a través del programa “Conduce sin Alcohol” o por desacato a la autoridad.

Los días en que hay una mayor población son de jueves a sábados, dice Antonio Hazael Ruiz y añade que estos registros aumentan en algunas fechas del año como son Semana Santa, las fiestas patrias, específicamente del 14 al 17 de septiembre, así como el mes de diciembre.

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Cada estancia donde los infractores pasan la noche cuenta con 4 camas de piedra, colchoneta y una cobija que sirve para taparse del frío.  

El subsecretario del Sistema Penitenciario explica que hace cuatro años, a partir del programa “Conduce sin Alcohol” —campaña de la Secretaría de Seguridad Pública que detiene a todo conductor que exceda 0.40 mg de alcohol en el organismo— empiezan a ingresar un mayor número de mujeres, debido a esto “El Torito” sufrió su última remodelación dejando un área única para las infractoras, todo para “garantizar una separación entre los y las arrestadas”.

Este centro sólo es una autoridad ejecutora, pues quien determina la sanción es un juez cívico, según dice Antonio Hazael: “nosotros a lo único que nos dedicamos es a verificar que se cumpla la sanción del juez competente. Las sanciones que van de 20 a 36 horas de privación de la libertad son sujetas por estos jueces y dependen de la infracción que uno cometa”.

Cuando ingresan, a los sancionados se les recoge las pertenencias y se les agrupa todos los objetos en un recipiente para su protección y cuidado, con la finalidad de garantizar la seguridad tanto de los bienes como de los infractores. Después de este aseguramiento pasan por una revisión médica. Posteriormente se le toman datos generales para saber quién llegó y cuál fue la causa. Consecutivamente son ubicados en alguna de las estancias y a las pocas horas se les invita a las distintas actividades que hay en el día, pero si llegan en un elevado estado de intoxicación por el consumo de alcohol o drogas, primero se les facilita la hidratación mediante el consumo de agua, explica Antonio Hazael Ruiz Ortega.

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Antonio Hazael Ruiz Ortega, subsecretario del Sistema Penitenciario, dice que una de cada cuatro personas detenidas es mujer.

La razón principal por la que llegan al Centro de Sanciones Administrativas es por consumo de bebidas alcohólicas en vía pública. En el 2016 ingresaron alrededor de 52 mil personas por diferentes causas, de ese número de arrestados aproximadamente 18 mil fueron recluidas por el consumo de bebidas en la calle. Y de cada cuatro personas que se reciben una es del sexo femenino, lo que equivale aproximadamente al 30 % de la población anual.

Una de las problemáticas que presenta “El Torito” es el tema de los coyotes que se encuentran en el exterior, gente que tramita amparos abusando de los arrestados, quienes muchas de las veces son estafados con promesas falsas de salida o trámites caros. Lo mejor, comenta el subsecretario, es tramitarlo en compañía de un familiar, ya que este recurso es una garantía constitucional a la que se puede acceder sin ningún tipo de sobre costo.

El promedio de edad de la gente que ingresa es entre los 25 y 40 años, contando con un importante número de personas indigentes.

El Centro de Sanciones Administrativas cuenta con un área de servicio médico, donde se certifican las condiciones en las que llegan los infractores, si presentan o no lesiones o algunas cuestiones que pudieran ser de importancia para atender de manera inmediata.

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El comedor de "El Torito" cuenta con una capacidad para más de 80 personas. Una vez terminada la comida el arrestado tiene que lavar sus platos, cubiertos y charola en la que se les entregó la comida. 

El menú en “El Torito” es variado y existe un nutriólogo, nos informa el subsecretario. Una vez dentro, el sancionado tiene derecho a las tres comidas del día. El día de la entrevista los arrestados desayunaron salchichas a la mexicana y por la tarde comieron carne de puerco en salsa verde y arroz rojo.

Aunque parezca difícil de creer, o aunque algunos de los arrestados digan que la comida no es buena, el pasado mes de junio “El Torito” recibió la re-certificación, que otorga la Secretaría de Turismo  federal a los hoteles y restaurantes por cumplir con los estándares de calidad e higiene en el manejo y preparación de alimentos. Distinción que coloca a la cocina de este centro de arrestos a la altura de un restaurante.

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Recientemente la cocina del Centro de Sanciones Administrativas recibió la re-certificación del “Distintivo H” Higiene Confianza y Seguridad, que otorgan las Secretarías de Turismo y de Salud federales.

Fotos antiguas: INAH.

Fuentes: Entrevista con Antonio Hazael Ruiz Ortega, subsecretario del Sistema Penitenciario; Archivo hemerográfico de EL UNIVERSAL. 

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