115 mil vuelos retrasados: ¿fatalidad o perversión?

Leonardo Curzio

No hay viajero que no haya experimentado estos inconvenientes

Toda mi solidaridad con Javier Alatorre

No son 20 ni 60, tampoco son cientos, sino miles, en concreto son más de 115 mil los vuelos que anualmente salen o aterrizan con retraso en el AICM. No hay viajero que no haya experimentado estos inconvenientes. Es tan frecuente el caso que nos estamos acostumbrando a ello, como nos habituamos a que el correo no sirva o aceptamos silenciosamente que las autopistas no tengan las especificaciones más altas. Vivimos así porque esos temas no son prioridad para la élite política del país. Para ellos, esos problemas no existen porque, por ejemplo, en determinadas horas pueden ocupar sus aviones oficiales y privados (según un muy penetrante informe de la Cofece) hasta el 13% de los espacios para despegues y aterrizajes. En principio, no debería bajar casi ningún vuelo privado en el AICM (deberían operar en Toluca) y salvo los de tres funcionarios (incluido el Presidente), el saturado aeropuerto de la capital debería ser evitado, pero en el peor de los casos el porcentaje de esas dos clases de operaciones no debería exceder el 5%. Pero igual que los guaruras ocupan espacios en las calles, los vuelos de los potentados (privados y oficiales) contribuyen a la saturación del AICM sin que esto se remedie. En otras palabras, un vuelo de Panamá o Houston, de Madrid o Munich puede estar en patrón de espera para que un jerarca se pose en la pista. Una especie de mirreynato celeste. Es verdad que el aeropuerto está saturado (tanto que Emirates no vuela a México), pero la proliferación tolerada de vuelos privados y oficiales complica más las cosas.

Es sabido que desde el gobierno de Díaz Ordaz se ha considerado que esa instalación estaba llegando a un límite. Una sucesión de gobiernos prefirieron ver a otro lado y entre los gobiernos de Zedillo y Fox (¡hace 20 años!) se constató que era urgente construir otro. Zedillo mandó a hacer estudios y Fox no pudo instrumentar su decisión. Para paliar el problema se optó por distribuir vuelos a Toluca (hoy es un aeropuerto fantasma para efectos comerciales) y construir una nueva terminal (que por cierto se está hundiendo). Hoy tenemos la promesa de que habrá un nuevo aeropuerto, pero mientras eso sucede vemos cómo la falta de rigor de las burocracias que controlan el funcionamiento de todo el sistema se convierte en un problema estructural. En algunas franjas horarias se están autorizando más de 60 operaciones por hora. ¿Qué queremos? ¿Que ocurra otro accidente como el que le costó la vida a Mouriño? ¿O que desde Estados Unidos venga nuevamente una calificación reprobatoria? Yo supongo que los funcionarios que están a cargo de estos asuntos no están allí por ser miembros del comité distrital de Metepec o Coacalco, ni tampoco son sobrinos o ahijados de algún jerarca, sino que están allí por que son competentes para hacer lo que hacen. Porque administrar eficientemente una terminal aérea es un tema de rigor y eficiencia. Esas burocracias deberían alzar la voz y decir que trabajar en esas condiciones es muy riesgoso.

Otras burocracias deberían, con la misma fuerza, salir a defender a los usuarios y evitar que las compañías (escudadas en el pretexto general de la saturación del aeropuerto) estén jugando a los dados con sus horarios. Hay compañías que fijan un vuelo sabiendo que no tienen una autorización para el despegue. Por ejemplo, anuncian un México-Acapulco a las 10:30 y lo operan cuando se les abre un hueco. Así, como peseros en su base. No notifican al usuario de esa contingencia, por eso un vuelo puede salir dos o seis horas tarde, porque todo es un albur. A pesar de la escasez de horarios (producto de la saturación), el 37% de los espacios asignados no fueron operados por las aerolíneas que los solicitaron. Pero los conservan y eso introduce prácticas que perjudican al usuario y la autoridad se mantiene omisa.

Gobernar no sólo es persuadir y ganar elecciones, tampoco es solamente aprobar leyes o constituciones. Gobernar requiere de un aparato técnico que dé certidumbre y resultados. 115 mil vuelos retrasados hablan más que mil discursos.

Analista político

@leonardocurzio

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