De nuevo el Dirigible

José Xavier N.

Así como hay discográficas a las que no les interesa promocionar el producto físico, y con viseras de mula de noria se dirigen al abismo digital, las hay también como Warner Music México que, a la hora de darle seguimiento a prioridades mundiales en formato físico, importan producto (sin pichicatear) para algunos especialistas de impresos con tiraje nacional, que no pertenecen al gremio de los patito.com, y sin el condicionante de que favorezcan el producto, so pena de entrar a la lista negra que ya sólo maneja una bruja: la señora Muñoz, tan orgullosa como necia, que nunca ha entendido eso de que “en el negocio musical hay que estar bien con dios y con el diablo”. Que escriban lo que quieran, pero que escriban. De modo que cuando te sueltan la andanada de reimpresiones dobles (2-CD Deluxe Edition) de Led Zeppelin, ni modo de hacerse pato o sacar una nota de más barato por docena. El más reciente de los álbumes originales de estudio (Led Zeppelin, II, III y Coda, reseñados con anterioridad en esta columna), que incluyen como los demás, las tomas alternas al álbum original y su remasterizado, es el In Through The Out Door, a escala de imagen y semejanza del LP oficial, luego vuelto CD, producido como los demás, por el cerebro del dirigible: Jimmy Page.

La sorpresa de oír el material inédito, vamos, las tomas descartadas en el momento de su concepción en el estudio hace años, (y que en ese tiempo eran consideradas como material de desecho, ahora, son oro molido para fans, propios y extraños), debidamente remasterizadas y contextualizadas para medir avances y retrocesos, es la recompensa para los devotos de la banda.

Una recompensa que, por cierto, está al alcance de los bolsillos de sus fieles. Cada uno de los discos de Zep, por mucho que se precien los expertos en el dirigible, acabará ofreciendo algo nuevo de un grupo que puede presumir, para bien o para mal, ser uno de los más pirateados de la historia del rock. Caso insólito, de esa piratería, es que el propio Jimmy Page, haya ejercido durante años una concienzuda curaduría de los mejores bootlegs, remasterizando luego los que, en su sano juicio, se podían —al paso del tiempo— volverse objetos de culto, dándose todavía el lujo de poner en los créditos de algunas ediciones, el nombre del pirata que lo había grabado.

Sabedor de lo que significa algo así como un inédito de la banda, Page, recompensaba de alguna forma la labor bucanera de los fans en aras de tener un pedazo de historia del grupo, sin tener que quitarles el producto y muchos menos de mandarlos a la cárcel, como casi alguna vez lo hace Frank Zappa, que consideraba que la única manera de acabar con los piratas era arrojándoles una bomba atómica.

 

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