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Independientes

José Antonio Crespo

No se trata de prescindir de los partidos, sino de cambiar las reglas de su operación y los incentivos institucionales

En memoria de Manuel Camacho.

Al momento de escribir este artículo no conozco los resultados de la elección. No sé si El Bronco logró ganar la gubernatura de Nuevo León o no, pero cabe reflexionar sobre la figura de candidato independiente. Me parece que, en principio, los ciudadanos tienen derecho a buscar un cargo de elección popular sin el aval de algún partido. Pero no porque los candidatos apartidistas sean esencialmente buenos y honestos frente a los corruptos miembros de los partidos; todos son corruptibles (o ya corruptos) al margen de si compiten por un partido o no (la mayoría de independientes no presentó el 3 de 3). De ahí la importancia de perfeccionar los mecanismos de rendición de cuentas que en México simple y sencillamente no avanzan, pese al pluralismo.

No sólo los votos nulos, sino también los candidatos independientes representan hoy una expresión de descontento y protesta al régimen partidocrático. Probablemente hubiera yo votado por un independiente de haberlo habido en mi boleta (previo examen de quién era). Pero fueron muy pocos quienes se presentaron bajo esa figura; alrededor de 130 de 16 mil candidatos. Creo, sin embargo, que el derecho de buscar un cargo electivo debería estar limitado en función de la racionalidad social y la gobernabilidad política. No veo problema con que algunos legisladores (diputados y senadores) lleguen al Poder Legislativo sin membrete partidario. Pero en los foros donde se discutía el tema, siempre me opuse a que esa figura aplicara al Ejecutivo estatal o nacional, porque de llegar al poder esa persona tendría que gobernar con cero respaldo formal en el Congreso. No sería sólo un gobierno dividido, sino completamente aislado. Y ello supone la enorme probabilidad de choques y desencuentros entre poderes Ejecutivo y Legislativo. Eso, en nuestra historia y la de América Latina, ha supuesto graves riesgos de ingobernabilidad y quiebres institucionales.

Difícilmente eso mismo puede ocurrir en un sistema parlamentario, cuyo jefe de gobierno debe ser votado por una mayoría de legisladores que pertenecen a un partido, y difícilmente nombran a un independiente en ese cargo. Se arguye que existe la posibilidad de que un gobernador o presidente independiente pacte con uno o varios partidos en el Congreso para lograr gobernabilidad. Sí, pero en tal caso las presuntas ventajas de su apartidismo se habrían perdido (un alcalde independiente de Zacatecas, al día siguiente de su toma de posesión, ingresó al PRI).

Esta reserva la llegué a platicar con el entonces subsecretario de Gobernación Alejandro Poiré, quien preparaba la reforma política de 2010-12. Le hice ver los riesgos de la candidatura independiente en el Ejecutivo. Me respondió que si bien en principio tenía yo razón, difícilmente un independiente podría ganar una gubernatura y menos la presidencia. Bueno, pues en este momento no sé si habrá ganado El Bronco, pero incluso en caso negativo ya habrá mandado el mensaje de que “sí se puede” conseguir el triunfo, al menos a nivel de gobernador. El atractivo del Bronco en Nuevo León al parecer tiene menos que ver con su trayectoria y más con la figura bajo la cual compitió.

De haberlo hecho bajo las siglas del PRI, su apreciación —al menos fuera de Nuevo León— hubiera sido más bien negativa. Pero el hecho de que representa un desafío al régimen partidocrático ha despertado simpatías en todo el país. Me parece que se revive la expectativa que tuvimos en algún momento con la alternancia, de que su triunfo podría significar un punto de inflexión en el combate a la corrupción y el fin de la impunidad. No necesariamente sería así. En todo caso me parece que más allá de una sana llamada de atención a la partidocracia, se ha caído nuevamente en un espejismo que, además de quizá generar una nueva desilusión, podría implicar riesgos innecesarios a la gobernabilidad. Para mí, no se trata de prescindir de los partidos, sino de cambiar las reglas de su operación y los incentivos institucionales. ¿Ocurriría eso bajo una candidatura independiente? Puede ser, pero no necesariamente.

Profesor del CIDE.
@JACrespo1

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