La esgrima es el arte del ataque y la defensa mediante el manejo de la espada, el florete, el sable y otras armas blancas. Su objetivo es tocar al rival sin ser tocado por éste. La historia dice que veinte siglos antes de nuestra era, en la antigua China y en la India, se utilizaban en duelos y combates. También en el templo de Medinet- Abú (Alto Egipto), del faraón Ramsés III, quien reinó entre los años 1198 y 1176 a. C., hay imágenes de una competencia de esgrima para celebrar la victoria sobre los libios.

La primera escuela de esgrima estuvo en la antigua Roma, donde se adiestraba a los gladiadores y se confeccionaron tratados. Fue la época en que los jóvenes romanos iban al Campo de Marte para aprender a luchar, saltar, usar la espada y protegerse con el escudo.

Pero fue en Grecia donde su manejo se identificó con el arte de la guerra. Mediante la adopción de técnicas de combate, todo ciudadano debía aprender su manejo, no sólo para enfrentar retos individuales, sino para contender en batallas de conjunto.

En la Edad Media, su aprendizaje formó parte de las habilidades de los caballeros. Entonces las espadas eran más pesadas, con punta y filo, guarnecidas con cazoleta y fiador.

La esgrima moderna tuvo sus principales cultores en España, Italia y Francia. Tras la prohibición de su uso en duelos, se convirtió en deporte. Para ello se introdujeron máscaras protectoras y se confeccionaron armas más livianas y flexibles. Forma parte de los Juegos Olímpicos de la era moderna desde Atenas 1896. En los Juegos de 1908 se agregó la competencia por equipos. Los torneos femeninos, tanto individuales como por equipos, existen desde 1924.

La esgrima es un deporte sutil, elegante y refinado, además de una excelente escuela de juego limpio y tolerancia. El poeta argentino Jorge Luis Borges en A una espada en York Minster, dice: “En su yerro perdura el hombre fuerte/, hoy polvo de planeta, que en las guerras/ de ásperos mares y arrasadas tierras/ lo esgrimió, vano al fin, contra la muerte. Aquí está el hombre/ blanco y feral que de Noruega vino, urgido por el épico destino; su espada es hoy su imagen y su nombre”.

Sin embargo, el educador italiano Antonio Croce también dijo: “Más grande es el hombre que se defiende con las armas de la sabiduría y de la paz, que con la violencia de su espada”. Y para el escritor inglés William Shakespeare, quien justamente hoy cumple 400 años de fallecido, “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”.

rjavier_vargas@terra.com.mx

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