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Aún se discutía la extradición de Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas acusado de nexos con el narcotráfico y capturado en Italia, cuando en las últimas horas del sábado fue aprehendido en Guatemala Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, bajo cargos relacionados con enriquecimiento ilícito.
Ambos dejaron de gobernar para la gente y sirvieron a intereses personales, transgrediendo la ley. Traicionaron a su partido, pero fundamentalmente traicionaron la confianza de quienes los llevaron al poder, a través del voto.
En los últimos años, los mexicanos hemos asistido al espectáculo mediático, social, de casos de gobernantes acusados de cometer ilícitos y que después de investigaciones oficiales han sido capturados por la justicia. Escándalos que dañan al país y aumentan, con razón, la desconfianza de la gente en la política.
De todos los partidos alcanzados por lamentables casos de corrupción, el PRI ha sido el más afectado. Una reciente encuesta de EL UNIVERSAL retrata el resultado: rechazo social en incremento.
¿Desaparecerá el PRI? Me han preguntado muchas personas. No creo que vaya a ser así.
Es innegable que el PRI atraviesa por una profunda crisis de credibilidad, cuyo origen se centra en escándalos de corrupción. Pero la gente acusada y perseguida por la justicia por haber cometido delitos no son la totalidad del partido; por el contrario, son una minoría y agravian a los millones de priístas que todos los días trabajan honradamente y ganan el alimento de su familia con esfuerzo y dedicación, y amor a México.
Millones de personas que militamos en un partido que debe representar los ideales de justicia social, de progresismo, de igualdad de oportunidades. Que creemos en el partido que modeló las instituciones que hoy nos dan seguridad social.
Por tal razón, esos casos, hoy escandalosos para todos, son especialmente insultantes para los militantes del PRI que trabajan en calles, manzanas, colonias y distritos para llevar al triunfo al partido. Somos los priístas los primeros en reclamar justicia, para limpiar esa afrenta.
Que sea la justicia pronta, clara y ejemplar en todos los casos de corrupción y abusos de poder el primer paso para el cambio urgente que necesitan el PRI y todos los partidos en México.
Un cambio que reclama menos dinero público para financiar partidos y candidatos, más participación real de los militantes en las decisiones de los partidos, y una democracia real al interior de éstos.
Y antes que todo, un claro mensaje de cero impunidad. Sólo así empezaremos a recuperar algo de la confianza perdida.
Diputada federal del PRI con licencia
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