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¿Dónde está el piloto?

Escribo en nombre de cientos de personas que ayer fuimos tratados como ganado. Aterrizó el vuelo 229 de Aeroméxico a las 18:15 procedente de Guadalajara
18/12/2015
02:17
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Ayer sentí haber aterrizado en Macondo, no en la ciudad de México. Viajar en Aeropatito, no en Aeroméxico. Llegar a un aeropuerto pueblerino, no al Internacional Benito Juárez.

Escribo en nombre de cientos de personas que ayer fuimos tratados como ganado. Aterrizó el vuelo 229 de Aeroméxico a las 18:15 procedente de Guadalajara. Después de que el avión se detuvo, el capitán habló a los pasajeros y lamentó que el tiempo recuperado durante el vuelo se podría perder porque nos enviaban a una estación remota. Después del largo carreteo, finalmente volvió a detenerse y se abrieron las puertas. Empezaron a bajar los pasajeros y, cuando alrededor de 40 entraron a un autobús, partieron sin contratiempo.

Quedaron cerca de 15 más afuera en la escalerilla y el piso. Pero esta vez no abordaron ningún otro transporte. Se les ordenó dar vuelta y regresar al avión. “Son órdenes de la autoridad aeroportuaria”. Ninguna otra razón se alegó.

La gente molesta se negó a volver a abordar. Los empleados enchalecados de verde y naranja amenazaron con llamar a la Policía Federal. Lejos de meter orden, la amenaza encendió a los pasajeros.

Salomónicamente, los que estaban fuera del avión fueron trasladados de inmediato en una camioneta a la sala de arribo.

A quienes quedaban en el avión se les ordenó sentarse de nuevo para ser remolcados a otra posición. La gente gritaba con razón “no somos ganado”. “Ahí está el autobús para llevarnos”. “¿Qué ocurre en realidad?”. “Parece que quieren mostrar ineficiencias debido a la saturación, para justificar el nuevo aeropuerto”. “Nunca había visto algo así” dijo un colombiano.

De pronto, la autoridad invisible ordenó al chofer del autobús vacío marcharse. Ahora no había opción de traslado a la mano.

Después de una hora y ya todos sentados seguía la natural inconformidad. ¡Vámonos ya! ¡Ya estamos sentados! ¡Voy a perder mi conexión internacional! ¡Tengo que llegar a mi trabajo! Los gritos no tenían destinatario, no había autoridad alguna a la vista.

La aeromoza calmaba amablemente a la gente, pero estaba tan desinformada como el pasaje.

Alguien preguntó por qué no llevaban el avión a la nueva posición: “No tenemos piloto y aunque vamos a ser jalados, nos exigen que esté abordo y éste se fue en el primer autobús”, fue la respuesta.

Alguien dijo “el piloto va rumbo a su casa, pero ya le pedimos que regrese”.

Ahí se llegó al límite y todos amenazaron con bajarse del avión en media plataforma. Y cumplieron: Empezó mucha gente a bajarse para llegar caminando a la terminal, ante la mirada atónita de los enchalecados.

Un hombre con discapacidad rogaba que esta tortura terminara pronto. Quienes tenían maletas registradas en el avión tuvieron que esperar horas más. Estuvimos en el avión como un vuelo a Nueva York.

Caos es la mejor palabra para describir lo que ayer, autoridades aeroportuarias y aerolínea, provocaron con su obtusa forma de organizarse o mejor dicho de desorganizarse.

Si esto viven los pasajeros ¿qué tanto habrá atrás que no sabemos, pero que pone en duda la seguridad aeroportuaria?

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

@EMoctezumaB

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Esteban Moctezuma Barragán
Ex presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. Presidente del Compromiso Social por la Calidad y Equidad Educativa. Secretario de Gobernación y secretario de de Desarrollo Social durante el sexenio de...

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