¿Qué futuro para los jóvenes?

Editorial EL UNIVERSAL

México sigue siendo un país de jóvenes: 56.1 por ciento de la población tiene menos de 29 años y la población de 0 a 14 años representa 29.3 por ciento del total, de acuerdo con datos de 2010 de Inegi. ¿Cómo atenderlos? ¿Cómo dar un buen cauce a estos millones de mexicanos? Esta realidad, bien dirigida, debe ser una oportunidad para el país. En unos años los ahora niños y adolescentes serán el motor de la nación, y de la preparación, oportunidades y atención que reciban dependerá el rumbo que tome el país: una ruta de innovación y conocimiento o una ruta de mano de obra barata y problemas sociales.

La radiografía educativa de la juventud en México es poco halagadora, pues de quienes tienen entre 15 y 19 años de edad 62.4% asiste a la escuela y 37.3% no. Abandonar la escuela a esa edad significa haber truncado la posibilidad de tener acceso a una educación universitaria y, para muchos, la obligación de encontrar un empleo. De aquellos que actualmente tienen de 25 a 29 años de edad, sólo 27.8% cuenta con educación superior; es decir, siete de cada 10 no ingresaron a una universidad y por lo tanto perdieron la oportunidad de una mejor preparación para la vida.

El principal esparcimiento entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad es ver la televisión, pues casi 70% declara que es su actividad de recreación más común. Opciones como practicar un deporte, tocar algún instrumento musical, asistir al cine o al teatro prácticamente no existen para los consultados en la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, que levantó el Inegi.

La deserción educativa o la calidad del esparcimiento son sólo algunos de los problemas que enfrenta la población juvenil del país, pero hay otros. De acuerdo con una encuesta que presenta hoy EL UNIVERSAL, realizada en las 32 entidades, los jóvenes muestran amplia apatía por participar en la política. La razón que esgrimió 43% de los entrevistados es por la deshonestidad de los políticos. El panorama que se puede esbozar apenas con esos tres datos son desalentadores: ¿tenemos jóvenes que no pisan la universidad, que pasan horas frente al televisor y que la política, entendida como opción de generar cambios en el país, no les interesa? Lamentablemente, sí.

El futuro que se pinta para el joven actual es poco promisorio. Quienes tienen entre 15 y 29 años de edad deberían tener acceso a la educación, a servicios de salud, a opciones de esparcimiento y de creación artística. Encauzarlos por caminos de preparación es la mejor vacuna para alejarlos de los caminos de la delincuencia. Este país tendrá un futuro mejor si invierte en ellos. México tiene que cuidar a los jóvenes, México tiene que cuidar su tesoro.

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