Un crimen "normal"

Editorial EL UNIVERSAL

El caso de una mujer a quien agredieron sexualmente en la colonia Condesa de la Ciudad de México —captado en video la semana pasada— desató de nuevo un tema usualmente ignorado y nos recordó lo común que se ha convertido en este país el abuso sexual. O más bien, lo consolidado del crimen en nuestra sociedad.

En los últimos cinco años se han presentado en México 3 millones de casos de violencia sexual, es decir, mil 345 casos al día en promedio, de acuerdo con un estudio financiado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). La cifra incluye la estimación de las personas que sufrieron el delito pero nunca lo reportaron. Ningún otro crimen es tan silencioso como este, por el daño al honor que los depredadores ocasionan a sus víctimas.

Las autoridades conocen lo anterior, por supuesto. A pesar de ello, en esos cinco años incluidos en el estudio sólo se han iniciado 83 mil averiguaciones previas para investigar a agresores y apenas 10 de cada mil delincuentes sexuales son consignados ante un Ministerio Público.

Quienes atienden a las víctimas en oficinas de gobierno son los primeros en entorpecer el combate al delito. De inicio dudan de los testimonios y culpan a las mujeres o niñas de lo ocurrido bajo el argumento de que ellas lo provocaron. Usar cierto tipo de ropa o haber convivido con los agresores antes de sufrir el delito suelen ser los “agravantes” que las autoridades esgrimen para dejar a las personas indefensas.

Ojalá pudiera decirse que la actitud retrógrada es sólo de algunos policías o ministerios públicos. En realidad el estigma del abuso sexual se le carga a las niñas y niños desde el hogar, en donde se les enseña que su palabra es poco importante; donde se les exige no cuestionar nunca a los adultos; donde se les calla y orilla a sentir vergüenza por contar cualquier cosa relacionada con su sexualidad.

Si a todo lo anterior se suma que el tema es tabú para familias e instituciones de gobierno, nos encontramos ante un caldo de cultivo ideal para violadores y pederastas: niñas y mujeres vulnerables, así como un entorno social que desincentiva la queja y la denuncia.

El análisis de la CEAV dice que cuatro de cada 10 víctimas son mujeres menores de 15 años; 60% de las violaciones y abusos sexuales ocurren en el hogar de las víctimas y 60% de las mujeres conocían directamente a su agresor por ser parte de su familia o uno de los vecinos.

¿Quién puede cambiar esta situación de terror? Únicamente padres de familia, educadores y fiscalías en un esfuerzo conjunto. Ningún crimen debería ser normal.

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