El Grupo de Visegrado: un bastión del nacionalismo en Europa Central

Nacido en 1991 en la antigua ciudadela magiar donde 600 años atrás los reyes medievales Juan I de Bohemia, Carlos I de Hungría y Casimiro III de Polonia realizaron el Congreso de Visegrado para acordar la creación de nuevas rutas comerciales a otros mercados

El Grupo de Visegrado: un bastión del nacionalismo en Europa Central
El ex primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, asiste a una conferencia de prensa después de la reunión cumbre del Grupo Visegrad (V4) en Visegrad, Hungría - Foto: Laszlo Balogh/REUTERS
English 15/03/2019 18:10 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 18:19

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Nacido en 1991 en la antigua ciudadela magiar donde 600 años atrás los reyes medievales Juan I de Bohemia, Carlos I de Hungría y Casimiro III de Polonia realizaron el Congreso de Visegrado para acordar la creación de nuevas rutas comerciales a otros mercados, el Grupo de Visegrado representa ahora un bastión del nacionalismo en la Unión Europea.

Mientras que el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, se ha mantenido al frente de la oposición del grupo a la estrategia migratoria de la Unión Europea, al rechazar sus cuotas durante la crisis de los refugiados de 2015, los desacuerdos ideológicos con Bruselas en torno a la soberanía y el estado de derecho son compartidos en mayor o menor grado por sus aliados en Polonia, la República Checa y Eslovaquia.

Las raíces del enfoque conservador de los Cuatro de Visegrado o V4 hacia la integración europea, las leyes comunitarias y la independencia del poder judicial se encuentran en la historia, ya que sus estados miembros han sido objeto de invasiones e intervención extranjera, atrapados entre poderosos vecinos como Alemania y Rusia.

De acuerdo con su información oficial, “el V4 no fue creado como alternativa a los esfuerzos de integración de toda Europa, ni trata de competir con las estructuras centro europeas existentes. Sus actividades de ninguna forma están encaminadas al aislamiento o el debilitamiento de vínculos con otros países”.

Por el contrario, enfatiza, “el Grupo busca alentar una óptima cooperación con todos los países, en particular con sus vecinos, al ser su último interés el desarrollo democrático de todas las partes de Europa. A fin de preservar y promover la cohesión cultural, la cooperación dentro del Grupo de Visegrado aumentará la impartición de valores en el campo de la cultura, la educación, la ciencia y el intercambio de informacion”.

Deuda histórica

Durante el fin de la Guerra Fría y de la Unión Soviética, el rápido ingreso de los países de Europa central a la Unión Europea fue considerado un desenlace lógico, debido a la lucha contra el comunismo efectuada por sus dirigentes—Vaclav Havel y Lech Walesa, por ejemplo—, una sensación de deuda histórica en las naciones europeas occidentales y los objetivos geopolíticos de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Hoy, muchos diplomáticos en Bruselas se preguntan tras bambalinas si ésa fue la decisión correcta—el Grupo de Visegrado se unió a la Unión Europea en 2004 junto a otros siete miembros del antiguo bloque oriental, Chipre, Malta y Eslovenia—, sin el tiempo necesario para permitir a esos países el desarrollo de instituciones democráticas sólidas y una economía de mercado funcional.

Aún peor, aseguran, las políticas del V4 inspiran a otros en Europa.

No hay duda de que su mezcla de nacionalismo, tradicionalismo y cristianismo resulta atractiva para el líder italiano populista y antiglobalización Matteo Salvini.

Por su lado, el presidente del nuevo partido derechista español Vox, Santiago Abascal, aplaudió la imposición de un impuesto de 25% a los organismos no gubernamentales “que promueven la inmigración ilegal” en Hungría y prometió emular la medida, “cuando el gobierno de España dependa de nuestros votos”.
 

Editado por Sofía Danis
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