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El fin de los paradigmas y el futuro gobierno de Morena en México
Andrés Manuel López Obrador - Ilustración de archivo/EL UNIVERSAL

El fin de los paradigmas y el futuro gobierno de Morena en México

06/07/2018
14:48
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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A menos de una semana de la abrumadora victoria de Andrés Manuel López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional, existe un amplio debate en torno a las causas detrás de los resultados electorales

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A menos de una semana de la abrumadora victoria de Andrés Manuel López Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en México, existe un amplio debate en torno a las causas detrás de los resultados electorales y, de forma más significativa, el programa del primer gobierno izquierdista en México desde la toma de posesión del presidente Lázaro Cárdenas del Río en 1934.

Con base en lo que se ha transformado en un mantra de AMLO, como el futuro presidente es conocido popularmente, podría afirmarse con seguridad que los altos niveles de corrupción en el ámbito público y privado llevaron al poder a Morena y sus socios de coalición, los partidos de los Trabajadores (PT) y Encuentro Social (PES).

Otros enfatizan la urgente necesidad de revisar la llamada “guerra contra el narcotráfico,” luego de la muerte de casi 250,000 personas desde el gobierno conservador de Felipe Calderón en 2006, un problema insostenible que será enfrentado, de acuerdo con una de las propuestas de campaña más polémicas de AMLO, con una oferta de amnistía para los capos arrepentidos.

El problema, aseguró, será solucionado a largo plazo mediante planes sociales y económicos para las empobrecidas zonas rurales.

En los medios convencionales, es más difícil encontrar análisis respecto a la pobreza, la inequidad social y el bajo crecimiento económico que afecta a más de la mitad (53 millones) de la población y este asunto debería conducirnos a las preguntas clave que rodean el triunfo de Morena y sus proyectos futuros.

¿Está México atestiguando el fin del paradigma neoliberal impuesto durante los años 80 tras el agotamiento de las políticas de inspiración socialdemócrata? ¿México se suma al club de los regímenes nacionalistas dirigidos por caudillos como Vladimir Putin, Xi Jinping y Recep Tayyip Erdogan?

Las condiciones están dadas para un nuevo capítulo de autoritarismo, indican los críticos, después de que Morena y sus aliados cosecharon 53.18% del voto, superando a las coaliciones del Partido Acción Nacional (PAN) por 31 puntos y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) del presidente Enrique Peña Nieto por 37 puntos.

Vale la pena destacar que son márgenes sin precedente, ya que ningún mandatario en los últimos 30 años ganó en México con más de 18 puntos de ventaja.
 

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Mayoría legislativa

La coalición de Morena logró mayoría en el Congreso, con más de 70 de los 128 escaños del Senado y 314 de las 500 curules de la Cámara de Diputados, también ganó la elección del alcalde de la Ciudad de México, así como cuatro de las ocho gubernaturas y 19 de los 25 Congresos estatales en juego.

Por tanto, no es de sorprender que los mismos críticos, que resaltaron en años pasados la necesidad de las alianzas parlamentarias estratégicas para garantizar la aprobación de reformas, incluso sugiriendo el establecimiento del puesto de primer ministro, no quieran ahora discutir el tema.

Los expertos también debaten el futuro del PRI, que gobernó al país entre 1929 y 2000 además de los últimos seis años, en una trayectoria que sólo interrumpió el PAN de 2000 a 2012.

Al parecer, la prioridad de los líderes del PRI es impedir una estampida de cuadros y militantes a Morena. Después de todo, AMLO empezó su carrera política en el PRI con un cargo local en Tabasco, donde el intelectual y dirigente estatal progresista Enrique González Pedrero ejerció una profunda influencia en el joven López Obrador.

Por su parte, los restos del antiguo instituto de AMLO, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), probablemente buscarán acomodo en Morena al perder su principal bastión en la Ciudad de México, mientras que el PAN, dividido por la candidatura presidencial de Ricardo Anaya y su coalición “antinatural” con el PRD y Movimiento Ciudadano (MC), se ha embarcado en un periodo de examen de conciencia.

Tanto el PRD como el PAN se unieron al “Pacto por México” de Enrique Peña Nieto, el mecanismo parlamentario que facilitó la privatización de las industrias energética y de telecomunicaciones, lo mismo que la renovación del sistema educativo.

Acerca de la reforma del sector energético, considerada uno de los éxitos más notables de Peña Nieto—y una fuente de descontento popular, debido al “gasolinazo” o liberación del precio del combustible—hay preocupación entre empresas e inversionistas extranjeros porque una vez al frente, López Obrador decida ir más allá de sus planes para revisar los contratos de exploración y producción en busca de irregularidades, pero también para favorecer a las firmas mexicanas.

Por el momento, encuentran alivio en las cordiales reuniones sostenidas entre López Obrador y los magnates representados por el Consejo Mexicano de Negocios, incluyendo a Claudio X.

González y Alejandro Ramírez, alguna vez némesis de AMLO, sin dejar de mencionar las lecciones de Brasil, una nación hermana donde en su opinión el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva desperdició su capital político, convirtiendo a la compañía estatal Petrobras en el “abrevadero” de sus camaradas de partido.

Editado por Sofía Danis
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