En la lucha libre, muchas historias comienzan en casa, cuando el amor por el deporte se transmite de padres a hijos. Son ellos quienes, desde las arenas pequeñas hasta los grandes escenarios, siembran la pasión que más tarde florece en nuevas estrellas del ring.
Ese fue el caso de Max Star, quien recuerda haber visto a su padre luchar en recintos modestos, sin un nombre rimbombante, pero con entrega total sobre el cuadrilátero. Esa virtud, la de dejarlo todo en cada combate, es la que hoy busca replicar en su propia trayectoria.
“Mi padre era luchador de arenas chicas, él me inculcó la lucha libre. A los 14 años llegué con el profesor Tony Salazar, quien me ayudó a pulir cada movimiento para debutar en la Arena México siete años después”, mencionó el gladiador en charla con EL UNIVERSAL.
Con esas vivencias frescas en la memoria, el famoso luchador recordó el mejor consejo que le dio su padre, quien lo respaldó en el comienzo de esta aventura en el ring.
“Mi familia siempre me apoyó sin tener un futuro claro, no era una apuesta segura. Mi papá me llevó a la escuela del CMLL e incluso me esperaba. Siempre me decían que soñaba muy alto y se ha logrado. El mayor consejo que me ha dado es que la disciplina es la base del éxito”, finalizó.
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