Detrás de cada máscara y cada triunfo en el cuadrilátero existe una historia de sacrificio que rara vez se cuenta.

En los primeros pasos de todo luchador profesional, los sueños suelen convivir con la necesidad de buscar trabajos fuera del ring para sostener la esperanza de llegar a la cima del deporte de sus amores.

Ese fue el camino de Max Star, joven gladiador originario de Chimalhuacán, Estado de México, quien en entrevista con EL UNIVERSAL Deportes recordó los días en que cargaba rollos de tela en la Merced.

En medio del esfuerzo físico y las largas jornadas laborales, su única motivación era entrenar, convencido de que la disciplina lo llevaría a convertirse en estrella, como lo es hoy en el CMLL.

“Yo estudié nutrición y soy preparador físico con certificación. También fui cargador en La Merced en una bodega de telas, era cargador. Estaba todos los días cargando y descargando tráilers, era una actividad muy pesada. Estaba todo el día en la calle y llegaba en la noche a entrenar, lo más pesado era la mezclilla, eran rollos de 130 kilos”, recordó.

El luchador, quien desde muy pequeño estuvo en constante contacto con el deporte al ver a su padre luchar en arenas pequeñas, recalcó que en esa dura etapa aprendió el valor de cada peso, pero nunca dejó de ayudar a su familia para poder salir adelante.

“Trabajar en la bodega me hizo valorar el lugar que tengo ahora, ya que por desgracia esas labores no son bien pagadas. Ganaba mil 500 pesos y trataba de ayudar en la casa. A veces no tenía para el metro y prefería juntar dinero para los equipos, porque me motivaba entrenar”, finalizó.

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