Detrás de cada golpe, cada estrategia y cada victoria de Guillermo Cortés, hay dos pilares fundamentales: Su familia y la fe. Más que un equipo, son un núcleo que respira taekwondo.

Su padre, Carlos Cortés, es su coach. Su madre, Elena Labastida, también es entrenadora, y su hermano, Damián, es uno de sus mayores referentes.

“Significa mucho, es un sueño que desde chiquito lo tenía a diario, que mi papá me viera ser campeón mundial y más él coacheándome”, confesó.

La escena, tras su victoria en Tashkent, Uzbekistán, lo resume todo: Correr hacia su papá no fue un gesto improvisado, sino la culminación de muchos años con sueños compartidos.

“Lo platicábamos, jugábamos con los muñecos a ser campeones del mundo y que corriéramos con mi papá con la bandera era el sueño que tenía desde chico. Le doy gracias a Dios que me lo haya permitido lograr, estoy muy agradecido con Él”, relató.

Mientras que, para su padre, ese momento también tiene un valor especial: “Fue un sueño que trazamos desde muy chico, primero con su hermano; él también es medallista panamericano y siempre tuvimos en la mente convertirnos en los mejores del mundo”, explicó, emocionado.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Google News

Noticias según tus intereses

TEMAS RELACIONADOS