La tuvo pólvora, rugidos felinos y un estadio Alfredo Harp Helú que por momentos pareció convertirse en una enorme caldera escarlata.

Los Diablos Rojos del México encontraron el antídoto perfecto para las heridas recientes y derrotaron 10-7 a los Tigres de Quintana Roo en el segundo juego de la serie, con un Robinson Canó que decidió vestirse de héroe.

Los Pingos llegaron al compromiso con el orgullo raspado tras una cadena de seis derrotas consecutivas, producto de barridas frente a Puebla y Tabasco.

Sin embargo, el viejo dicho de “no buscar quién se las hizo, sino quién se las pague” encontró eco en el diamante. Y los Tigres pagaron la factura, al menos en los dos primeros duelos de su choque de este fin de semana.

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La primera zarpada llegó por parte de los bengalíes en la tercera alta. Miles Simington aprovechó un toque oportuno y mandó a Alexis Wilson al plato para colocar el 1-0. Parecía una noche incómoda para los locales, pero los Diablos tenían otros planes.

La respuesta escarlata apareció de inmediato. En la tercera baja, la ofensiva capitalina armó un rally de cinco carreras que puso a vibrar las tribunas.

Robinson Canó abrió la fiesta con un doble productor que empujó dos rayitas, Maikel Franco colaboró con un elevado de sacrificio y los imparables de Julián Ornelas y Carlos Pérez terminaron la tarea. De pronto, el juego cambió de dueño y la pizarra mostró un 5-1 que dio un respiro a los locales.

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Tigres no bajó los brazos. Troy Viola conectó jonrón solitario en la cuarta entrada y más tarde pegó un doble productor de dos carreras en el sexto episodio que acercó a los visitantes peligrosamente 5-4.

Entonces apareció el momento de la noche. Robinson Canó se plantó en la caja de bateo con las bases llenas. El dominicano no desaprovechó: sacó la pelota por el jardín central y firmó un Grand Slam que convirtió el estadio en carnaval. El batazo puso el marcador 9-4.

Carlos Pérez agregó una carrera más para redondear el rally de cinco anotaciones en la sexta. Tigres intentó reaccionar con un par de anotaciones de J.J. Matijevic y un doble de Manuel Boscan en la octava, pero el daño ya estaba hecho.

La victoria fue para el abridor Ricardo Pinto, quien lanzó por espacio de 5.1 entradas, Tomohiro Anraku se adjudicó el salvamento; mientras que Colton Eastman cargó con el descalabro.

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