A seis décadas de uno de los momentos más emblemáticos del futbol mexicano, Arlindo dos Santos mantiene intacta la emoción de aquella tarde del 29 de mayo de 1966, cuando escribió su nombre en la historia, al convertirse en el primer anotador del Estadio Azteca, hoy Banorte.

Con 86 años de edad, el exfutbolista brasileño recordó con EL UNIVERSAL Deportes la hazaña que —según sus propias palabras— llegó como un regalo divino.

“Gracias a Dios. Éramos ahí 30 o 32 jugadores... Hasta los porteros de reserva. Estábamos rezando para que nadie [del Torino] metiera el gol. Todos [los futbolistas del América] queríamos hacerlo. Y yo fui premiado por Dios para ser el anotador del primer gol”, recordó, con nostalgia.

Hoy, el recinto que tiene su nombre tatuado se alista para recibir una tercera inauguración mundialista, en menos de dos semanas.

El sudamericano recordó que antes de aquella inauguración convirtió el deseo de marcar en una obsesión espiritual.

“Fue la oportunidad que pedí siempre a Dios, como todos lo pedían ahí, pero creo que fui el que más ‘molestó’”, dijo.

La noche previa al partido contra el Torino, tampoco resultó sencilla. Mientras México descansaba, Arlindo imaginó una y otra vez la jugada que cambiaría su historia para siempre.

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