La Secretaría de Cultura dio a conocer e l Programa Sectorial de Cultura 2020-2024 en el que establecen los objetivos del sexenio lopezobradorista en materia de cultura, como garantizar el acceso a la cultura a los grupos “históricamente excluidos”, establecer una agenda digital y diversificar modelos educativos de arte y cultura a partir de la “inclusión y la divesidad”, entre otros.

Para los especialistas en políticas culturales Eduardo Cruz Vázquez, Bolfy Cottom y Carlos Lara, es sólo un documento “con buenas intenciones” porque no establece metas en términos cuantitativos, tampoco traza cómo llevará a cabo sus objetivos, deja fuera temas como el presupuesto que, ante la crisis económica por la pandemia, se prevé que sea recesivo en los próximos años.

Y soslaya la transformación de instituciones como el Fonca y el Fidecine, y no contempla estrategias que involucren a las instituciones de cultura estatales.

El documento fue publicado ayer en el Diario Oficial de la Federación y, según la Ley de Planeación, debió publicarse dentro de los seis meses después de haberse publicado el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, ese plazo venció el pasado 12 de enero.

El Programa establece seis objetivos prioritarios: Reducir la desigualdad en el ejercicio de los derechos culturales de personas y comunidades, prioritariamente en contextos de vulnerabilidad; en materia educativa, brindar mejores opciones de formación, actualización y profesionalización bajo criterios de inclusión y reconocimiento de la diversidad.

Garantizar el acceso a los bienes y servicios culturales; proteger y conservar la diversidad, la memoria y los patrimonios culturales de México; fortalecer la participación de la cultura en la economía nacional a través del estímulo y profesionalización de las industrias culturales y empresas creativas, y, enriquecer la diversidad de las expresiones creativas y culturales de México.

El antropólogo y especialista en política y legislación cultural Bolfy Cottom indica que el documento cumple con lo básico. “Tiene acciones puntuales, pero por más que quisieron concretarlas, no lo lograron, siguen siendo abstractas. Por ejemplo, está el objetivo de consolidar la educación en el sector cultural, a través de ofrecer educación pertinente y coherente con las necesidades sociales, pero no dice cómo, ¿cuántos programas habrás en ese sentido? Son puros verbos planteados, de tal manera que no hay modo de medir cuantivamente si cumplirán o no”, advierte.

Además de la ausencia de indicadores cuantitativos, Cottom señala que una omisión preocupante es el presupuesto, sobre todo si se considera la emergencia sanitaria. En el documento, el presupuesto se menciona una sola vez, cuando indica que los objetivos, estrategias y acciones presentadas se realizarán “con cargo al presupuesto autorizado”.

“No dice nada sobre la coyuntura que se está viviendo. Se habla de que ejecutarán un programa sostenible para promover la cultura, pero no se especifica qué inversión se hará y quién lo coordinará”, ataja Cottom.

En este sentido, Eduardo Cruz Vázquez, especialista en política y economía cultural, advierte que el Programa no cumple con algunos artículos de la Ley de Planeación, entre ellos, el 23, el cual señala que se debe contar con estimaciones de recursos.

Omisiones

Carlos Lara, también especialista en política cultural, indica que una de las omisiones más graves es cómo se llevará a cabo el Programa a través del trabajo transversal con otras secretarías. “La transversalidad sólo existe en el discurso porque en ningún lado establece una estrategia con Turismo, Educación Pública, Hacienda y Crédito Público, Desarrollo Social, Economía. En este sentido es un plan miope y limitado”, asegura.

Para ejemplificar, Lara se refiere al objetivo 5, que es fortalecer la participación de la cultura en la economía nacional a través del estímulo y profesionalización de las industrias culturales y empresas creativas. “¿Cómo lo harán, con un régimen fiscal, con un programa de turismo cultural y de emprendimiento? En el epílogo advierten que se trata de un proyecto a largo plazo, pero si todo lo hará Cultura por sí misma, sin trabajo transversal, no llegarán ni a la esquina. No hay visión estratégica en un tema tan relevante como las industrias culturales, que tanto se van a necesitar en este momento. Me parece que confunden sus obligaciones legales con el plan que tienen”, apunta Carlos Lara.

De acuerdo con Eduardo Vázquez, lo más preocupante es que el Programa no cumple con otros artículos de la Ley de Planeación, por ejemplo, el 16 señala, entre otras cosas, que los Programas Sectoriales deben considerar las propuestas que presenten las entidades del sector, los órganos constitucionales autónomos y los gobiernos de las entidades federativas, así como las que deriven de los ejercicios de participación social y de los pueblos y comunidades indígenas interesados.

“Nada de esto está reflejado, ni la forma en que fue captada la participación social ni la de los pueblos”, indica.

En este sentido, el antropólogo Bolfy Cottom describe al Programa como “centralista”, porque omite u olvida que la facultad en materia de cultura es compartida con los otros dos órdenes de gobierno. “Hacen falta los programas estatales de cultura, en ese sentido, el programa se ve similar al de otras administraciones e incluso con un carácter más centralista”, advierte.

Finalmente, para Eduardo Cruz Vázquez no hay una aspiración de cumplir con una rendición de cuentas. “Es omiso en términos de las referencias, no dice en dónde estábamos parados y por qué tienen esta propuesta y, lo más grave, es que tienen una enorme carga ideológica cuando sostienen que se articulan con los 12 principios rectores del Plan Nacional de Desarrollo, que son, por ejemplo: ‘el mercado no sustituye al Estado’, ‘el respeto al derecho ajeno es la paz’, ‘no dejar a nadie atrás’. No podríamos tomarnos tan en serio este plan’”.

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