La Bienal de Arte de Venecia 2026 tuvo un controversial inicio en mayo, en el que la geopolítica, el boicot y la cultura de la cancelación marcaron la agenda y aún tienen a reflexionando al respecto. “Estamos en una situación donde el orden internacional de la segunda mitad del siglo XX se está cayendo a pedazos”, comenta Cuauhtémoc Medina, curador e investigador.

Lo que ocurrió fue que el jurado de la Bienal renunció luego que autoridades culturales italianas rechazaran su postura y se enfrentaran a una posible demanda por parte del artista israelí por discriminación, luego que el jurado dijera que no consideraría a los pabellones —y por lo tanto a los artistas— de países que tengan cargos por crímenes de guerra, es decir, Rusia e Israel. La postura causó posturas encontradas. ¿Cuál es el límite entre el boicot institucional y la discriminación por nacionalidad? Esta es una pregunta que lleva rondando desde hace unos años, pues es un fenómeno que se ha visto en el concurso Eurovisión; pero también en 2022, cuando la Filarmónica de Cardiff se negó a tocar música del compositor ruso Tchaikovsky por la invasión rusa en Ucrania; o en marzo pasado, cuando el artista israelí Amir Fattal —cuyo arte es apolítico— y la galería König, en la Condesa, cancelaron su exposición por protestas antisionistas y proPalestina. Al respecto, Medina, junto con la crítica María Minera; el director del Museo Soumaya, Alfonso Miranda; y el editor en jefe de la edición americana de The Art Newspaper, Benjamin Sutton, reflexionan sobre el tema.

Minera dice que lo ocurrido en la Bienal sólo revela que el formato de presentar el arte por nacionalidad es “insostenible”. Esto, explica la crítica, es por el fenómeno actual en el que se pide a los artistas que representen ideas, en vez de su pensamiento propio.

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“En estos tiempos de corrección política, ya no se ven las obras de arte o las literarias por lo que están proponiendo. Ahorita ya pesa más el autor que la obra, lo que está empobreciendo mucho al arte, a mi juicio”, declara María Minera, quien insiste que las creaciones artísticas no son “una materia estable” por lo que no habría que intentar encajonarlas.

Miranda, historiador y crítico, señala que disentir es fundamental, pero que esto trae claroscuros y recuerda que el artista no debe ser un agente de la moral.

“La clave interpretativa de por qué estamos actuando como actuamos es el intentar ser políticamente correctos. Evidentemente, hay acciones que en el pasado siempre estuvieron mal y hoy las reprobamos con mayor vehemencia, pero tratar por todos los medios ser asépticos por supuesto que trae perversiones y hemos revivido conservadurismos”.

Con una bandera de Ucrania, el 6 de mayo una activista del grupo Pussy Riot protestó por la asistencia de Rusia a la Bienal de Venecia. Foto: AFP
Con una bandera de Ucrania, el 6 de mayo una activista del grupo Pussy Riot protestó por la asistencia de Rusia a la Bienal de Venecia. Foto: AFP

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Para Sutton la crisis de la Bienal es un reflejo de una tensión que está ocurriendo en el mundo de la cultura y el arte:

“El arte se piensa como una arena liberal, pero está atada a la riqueza de gente que es fundamentalmente conservadora”.

El 8 de mayo, policías intentaban controlar una manifestación contra la presencia del pabellón de Israel en la Bienal. Foto: AFP
El 8 de mayo, policías intentaban controlar una manifestación contra la presencia del pabellón de Israel en la Bienal. Foto: AFP

El curador Cuauhtémoc Medina aclara que en la Bienal de Venecia, los artistas presentes sí representan a sus gobiernos. También indica que el boicot cultural es una estrategia que busca ir más allá de las sanciones económicas, para tener un efecto en la ciudadanía y contrarrestar la propaganda.

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El curador recuerda que fue una estrategia que ya se había usado contra el apartheid en Sudáfrica. Sin embargo, para que el boicot cultural sea bien logrado, “esas campañas tendrían que ser capaces de distinguir entre el ejercicio de boicot y la lógica de odio”, comenta.

Finalmente, el experto considera que es importante que individuos y gobiernos tomen posturas ante estas situaciones geopolíticas, sin embargo duda de si es apropiado que un museo lo haga: “no creo que convenga que los museos hagan una declaración en este campo, porque hace difícil luego resistir las presiones que tienen de sus gobiernos para tomar posiciones alineadas con ellos. Es un tema complicado”, concluye.

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