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Con apoyo de programas de cómputo se reconstruye de manera tridimensional el Recinto Sagrado de Tenochtitlan , para obtener un panorama más completo de las edificaciones próximas al Templo Mayor.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ( INAH ), a través del Programa de Arqueología Urbana (PAU) – y en colaboración con el arquitecto Luis Rosey Bermúdez- realiza la reconstrucción digital de edificaciones como el Huei Tzompantli —que debió tener aproximadamente 40 m de longitud—, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y el Calmécac.
A través de un comunicado se informó que la excavación arqueológica en la zona permite ahora ser aún más precisos en la ubicación y características de ciertas estructuras.
En un repaso por las labores del PAU desde 2009, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez habló de la información en torno al Cuauhxicalco o “Recipiente del águila”, estructura circular vinculada al adoratorio del dios Huitzilopochtli.
En predios de varios de la calle Guatemala, en el Centro Histórico se han realizado hallazgos como el Huei Tzompantli, el Juego de Pelota, el Templo de Ehécatl y el Calmécac; “así como los restos de una gran plataforma que ahora el transeúnte puede observar sobre la calle Argentina a través de una ventana arqueológica”.

Arqueólogo Raúl Barrera, director del PAU
Barrera Rodríguez también dijo que son pocos los edificios del recinto sagrado de los que se conocen sus dimensiones totales, como el Templo Mayor, la Casa de las Águilas, el Templo del Sol (bajo la Catedral Metropolitana), el Juego de Pelota (ubicado en la parte posterior de la catedral), el Cuauhxicalco y el Templo de Tezcatlipoca en el edificio del Arzobispado.
De estructuras como el Templo de Ehécatl y el Huei Tzompantli, recientemente se ha confirmado su existencia, sin conocerse aún sus dimensiones reales.
“En realidad, el Huei Tzompantli muestra la cosmovisión que esta cultura tenían sobre la vida y la muerte. Para nuestros antepasados, la vida era un continuo que tenía en la muerte sólo un estadio. Esta edificación era manifestación del culto a la vida a través de la muerte, eso era el tzompantli, un espacio sumamente sagrado para esa época”, expresó el arqueólogo.
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