En el anfiteatro del Palacio de Bellas Artes , allá en el segundo piso, un chico baila hipnotizado ; agita su pelo de un lado a otro, de arriba para abajo, en un fiesta del alma, en un ruego a los orishas. En el escenario Chucho Valdés y sus músicos Yaroldy Abreu Robles, Dreiser Durruthy Bombalé y Yelsy Heredia , tocan el tema "Obatalá" , el orisha mayor, creador de la tierra y escultor del ser humano. Las percusiones y el piano de los músicos cubanos marcan el ritmo de los corazones.

El pianista, compositor y arreglista Chucho Valdés regresó a México después de 9 años de ausencia , para presentar su disco "Jazz Batá 2" , compuesto por ocho temas con el que hace un recorrido por el mundo de la santería de origen yoruba , con el que también rinde homenaje a su padre Bebo Valdés , considerado como una de las protagonistas de la música cubana del siglo XX , cuyo centenario se cumplió el año pasado.

En 1972

, ha contado Chucho Valdés , después de haber fundado Irakere , un grupo de jazz afrocubano, creó un trío compuesto por piano, bajo acústico y batá, tambores con forma de reloj de arena, esenciales de la música yoruba, pero el proyecto no tuvo apoyo ni interés porque, según el compositor, fue considerado como 'una cosa de negros ' y porque no se concebía un trío de jazz sin batería . El año pasado V aldés retomó esa idea y creó el disco que ayer fue la columna vertebral del retorno del músico cubano a México.

Y en su regreso es colmado de aplausos, ovaciones de pie desde el primer momento en que pisa el escenario. Valdés , el más influyente del jazz afrocubano moderno , es amado en tierra azteca. Y el músico corresponde a ese amor, sonríe, se lleva las manos al pecho, inclina la cabeza como quien recibe un regalo con humildad.

El concierto es una fiesta, Dreiser baila y convoca a las decenas de manos a unirse a las percusiones, a la ceremonia del sacerdote del jazz cubano, Bellas Artes ensordece con las palmas , con una danza que parece convocar al aché , a la energía del universo, a la virtud, a la buenaventura para todos. El ganador del Grammy toca también para Ochún, la dueña del río y de la sensualidad, para la virgen de La Caridad , la patrona de Cuba.

Chucho

invoca también a los suyos , a su padre con "100 años de Bebo" , ese otro genio de la música, y a Caridad Amaro , su abuela que fue como su madre a quien le apasionaba el Concierto para piano n°2 de Rachmaninoff. Hay espacio para "Son XXI" de Enrique Ubieta , y para el gozo, para ir tumbando y bajando a la raíz cubana. La despedida es estremecedora con el un ritual de aplausos para el orisha mayor del jazz cubano.

al

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses