El largo aplauso, caluroso y de pie, que le concedieron al escritor mexicano al recibir el de manos del Rey Felipe VI de España, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, lo agradeció ufano y conmovido, con pequeñas reverencias y con un discurso en el que celebró la lengua española, la presencia de la libertad y el humor en el Quijote, de Cervantes, pero también la relación estrecha entre México y España, pero sobre todo con la revelación de la génesis de su escritura testimonial, que hoy definen como literatura del Yo, a la que se ha entregado con pasión desde muy niño, cuando supo “que en la palabra se cifraba mi destino”.

Con esa certeza como destino manifiesto, el narrador, académico y ensayista nacido en la Ciudad de México en 1948 remató un discurso entrañable e íntimo, que leyó pausado y con la voz áspera y algo apagada, no por falta de cadencia, sino por un cáncer en las cuerdas vocales que lo ha dejado casi mudo:

“He dedicado toda mi vida a la palabra. Como escritor que acaso habla más de lo que lee que de lo que vive; como profesor que no ha tenido mayor placer que contagiar el entusiasmo por la literatura a las muchas generaciones de alumnos que han pasado por sus aulas; como ‘aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles’ que ha formado una generosa biblioteca con los libros que ha podido adquirir o trasegar desde cada uno de los países por los que ha viajado; como académico de la lengua enamorado del organismo vivo y cambiante que estudian él y sus colegas; como editor que ha tenido el privilegio de convertir un manuscrito en un libro vivo y circulante como la sangre. Por eso, cuando alguien me pregunta que cuál es la palabra que más me gusta de la lengua española, le respondo que la palabra que más me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra ‘palabra’”.

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Los Reyes de España y la presidenta de la
Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aplauden al escritor mexicano Gonzalo Celorio tras entregarle el Premio Cervantes ayer en el Paraninfo de la
Universidad de Alcalá de Henares. Foto: EFE / Ballesteros / POOL
Los Reyes de España y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aplauden al escritor mexicano Gonzalo Celorio tras entregarle el Premio Cervantes ayer en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Foto: EFE / Ballesteros / POOL

Durante la ceremonia a la que, entre muchos, acudió el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, dos Premios Cervantes, Sergio Ramírez y Luis Mateo Díez, y su familia, Celorio, convertido ya en el séptimo mexicano ganador del Premio Cervantes, aseguró que México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente “el territorio de la Mancha”, y apuntó que sin la lengua española “ni México ni ningún otro país hispanoamericano habría podido configurar su nacionalidad”.

Con el brillo feliz en la mirada por estar en la cuna de su estirpe, Celorio dijo que “la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido”.

Felipe VI afirmó que Celorio es la expresión del encuentro de dos naciones entrelazadas por la lengua y la cultura. “Gonzalo Celorio encarna, tanto en su vida como en su obra, la expresión viva de ese fecundo encuentro entre ambas tradiciones. A su herencia mexicana se suma una estrecha vinculación con España, formado por maestros mexicanos y del exilio español. Su vida y su trayectoria nos recuerdan que México y España son más que países hermanos: son culturas entrelazadas por la lengua y la cultura, unidas por una cercanía sincera y un afecto compartido que perdura en el tiempo”.

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Le agradeció al escritor, quien es también director de la Academia Mexicana de la Lengua y fue más de 50 años profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, por enriquecer “nuestra lengua y nuestro patrimonio literario”, tras imponerle la Medalla Cervantes y entregarle la escultura del más prestigioso premio literario de la lengua española, creado en 1976.

A Celorio se le concedió el premio por “la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”, pero también porque “a lo largo de más de cinco décadas ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad” y porque su obra es al mismo tiempo “una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”.

Una afirmación que el Cervantes 2025 siempre ha tenido bastante clara: Siempre había querido contar la historia de sus ancestros para conocer sus orígenes y conocerse a sí mismo, “porque nadie sabe bien a bien quién es si no sabe de dónde viene”. Y así ha ido haciendo una literatura de su estirpe, “intuí que sus vidas eran novelables, como bien mirada, cualquier vida lo es. Pero las suyas quizá todavía más por la dimensión histórica que fueron cobrando sus involuntarias hazañas”.

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Tras la ceremonia, el rector Lomelí, afirmó que el Premio Cervantes a Gonzalo Celorio representa un reconocimiento a la universidad pública, a las migraciones y a la riqueza de la lengua española.

Luego, el autor de Los apóstatas y Mentideros de la memoria participaría en la XXX Lectura continuada del Quijote en el marco del Día Internacional del Libro, y cerraría el día dejando en la memoria de quienes lo escucharon una frase que con voz conmovida resonó en su discurso: “Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después”.

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