Más Información

Alto comisionado de la ONU dialoga en el Senado sobre desaparición forzada; expresa preocupación por violencia en México

En fast track, Senado avala mayores facultades a la Auditoría Superior; busca crear registro de recursos públicos federales

Tribunal ordena reponer amparo de Silvano Aureoles, exgobernador de Michoacán; revisarán posible falsificación de firma

Morena y aliados en San Lázaro eligen a sus nuevos consejeros electorales del INE; se trata de Blanca Cruz, Frida Gómez y Arturo Chávez
Madrid. —La Caja de las Letras del Instituto Cervantes recibió ayer el legado del escritor y académico mexicano Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025, donde depositó en la caja 1474 los manuscritos de su primera novela, Amor propio.
Además de su correspondencia muy nutrida con la fundadora de Tusquets Ediciones, Beatriz de Moura, recientemente fallecida, incluyó la cubierta de uno de sus libros, con una carta de la actriz y cantante Sara Montiel que le autorizaba a utilizar su imagen en ella y otras cartas de amigos queridos, como el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, fallecido en marzo.
Celorio legó otros materiales, como los manuscritos de uno de sus libros, Modus Periendi, cuadernos que recogen todos sus apuntes inéditos para un libro sobre la historia de la literatura mexicana en el que le invitó a participar Fernando Benítez, que no llegó a publicarse, y una crónica de un viaje que con su familia por el norte de España.
Al acto le acompañaron su hermano Jaime Celorio Blasco y su nieto Diego Celorio Camarena como testigos de honor; la directora del Libro, María José Gálvez; y el director del Cervantes, Luis García Montero, quien resaltó la trayectoria del escritor como “un diálogo íntimo, profundo y verdadero entre la cultura española y la mexicana”.
“Los que hemos nacido en la lengua española tenemos muchos motivos de gratitud para el maestro Gonzalo Celorio, y esta gratitud se extiende a México”, dijo el director.
Tras la entrega de su legado, el escritor conversó con García Montero en un coloquio donde rememoró anécdotas y experiencias en torno a la lengua compartida entre México y España y su enriquecedora variedad, recordando que “la lengua es un organismo vivo” y que “los verdaderos dueños de la lengua son los hablantes”. Ambos abordaron el exilio español en México y el intercambio cultural que produjo.
El autor reflexionó sobre la capacidad de la literatura “de ampliar las escalas y las categorías de la realidad”, ya que a diferencia de otras disciplinas como la Historia, “no se limita a decir lo que sucede, sino también lo que pudo suceder”.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Noticias según tus intereses
[Publicidad]
[Publicidad]










