Emilio Pradilla Cobos

En América Latina, la derecha vuelve al poder en diversos países. Basta el cambio de opinión de un pequeño porcentaje de los votantes para que tomen el poder nuevos mandatarios que se autodefinen como conservadores y partidarios de Trump y su agresiva política para la región, usando las mismas leyes que permitieron a los “progresismos” llegar al poder. Una de sus promesas, que no podrán cumplir si respetan los derechos humanos, como lo ha mostrado Bukele en El Salvador, es la superación de la violencia, pues exacerban una de sus causas básicas: la sed de ganancia para unos y la sobrevivencia para otros.

Y con los gobiernos conservadores reaparece la represión policial y las protestas de los sectores populares sometidos a la injusticia social y la explotación económica —que el “progresismo” aquietaba en parte— que caracteriza a los gobiernos de derecha: Chile, Bolivia, Argentina y Ecuador son ejemplos de cómo gobierna la derecha y cuál es su “libertad”: la libre explotación de la fuerza laboral para acumular capital a título personal y su opresión. La derecha hace lo que el “progresismo” no: actuar rápido. Es lo que el presidente de EUA cubre bajo la calificación absurda de “comunistas” a quienes solo quieren democratizar el capitalismo, incluyendo a los demócratas de su país —de risa, si no fueran tan graves las implicaciones—, lo que muestra claramente que la derecha estadounidense quiere toda la “libertad” de expoliar a las naciones de la región, consideradas “por mandato divino” —dicen ellos—, su área de dominio “natural”.

Estamos de acuerdo con quienes sostienen que los gobernantes “progresistas” no han tenido la capacidad de aplicar las reformas necesarias y esperadas por los votantes —razón por la cual algunos muy urgidos cambian su voto y apoyan a los conservadores—, pero los preferimos a la derecha que busca y aplica sin piedad la explotación y la opresión del capital. Si la sed de ganancia, cuya máxima expresión la encontramos en el capitalismo neoliberal, es la razón real de la violencia, la derecha la exacerba al regresar a su máxima expresión en gobiernos conservadores alineados con el actual de los Estados Unidos.

La intervención del gobierno de EUA en los procesos electorales en América Latina, que trae miedo a nuestros votantes y lleva a que gane la derecha, como lo muestran Venezuela, Honduras, Argentina y Colombia, limita sin duda nuestra soberanía y trae consigo algo muy distinto a la libertad real. Ahí están los ejemplos vivos de cómo para EUA lo único posible y “democrático” es lo que le sirve, lo que ellos quieren. Ahí están Venezuela, Cuba, Irán y otros muchos ejemplos en el mundo entero. Nos amenaza con violencia, con el uso de la fuerza militar si no aceptamos sus decisiones. ¿Es eso libertad, seguridad, democracia?

Y otras potencias actúan igual. Los gobernantes y políticos conservadores, muchos ciudadanos, con información, algunos beneficiados por esta política, o carentes muchos de ella, están haciendo del mundo un pésimo lugar para vivir en pleno siglo XXI, cuando debería imperar la paz, la satisfacción de los derechos humanos y las necesidades sociales, la igualdad real y el desarrollo, pero impera para la mayoría de los trabajadores la explotación, la opresión, el desempleo, la informalidad y la pobreza; y los mayores logros de la humanidad, las tecnologías de la información y la comunicación y la inteligencia artificial, solo amenazan al empleo de los que aún tienen trabajo, y al logro de enormes y absurdas riquezas para sus propietarios.

Integrante de Por México Hoy

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