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Élmer Mendoza recibió el IX Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura que otorga la Universidad de Guanajuato en nombre de los culichis, porque, dijo, es un galardón que los sinaloenses lo tomaron como suyo:
"Particularmente, en mi ciudad, Culiacán, que hemos vivido dos años bajo asedio. Y de pronto un miembro de la comunidad que vive allí, recibiera un premio, lo sintieron como un estímulo de esperanza, de que no somos una comunidad que permita vivir bajo el asedio de las armas”, expresó este jueves.
El autor de “Un asesino solitario” y colaborador de EL UNIVERSAL, señaló que aunque se ha dedicado a la novela negra y a hablar de la violencia, sería incapaz de narrar la vista de un cuerpo que han degollado.
“No se puede contar todo. Creo que el estado de la violencia actual requiere de nuevos símbolos. No los símbolos de Élmer Mendoza, o de Eduardo Antonio Parra o de Daniel Sada. Requiere otras metáforas, otras posibilidades de acercamiento al universo del delito para convertirlo en materia literaria”.
En ese encuentro con la presa, el escritor también aseguró que debe tener mucha confianza en lo que hace, como el maestro Ibargüengoitia:
“Sé que no he contado todo lo que quiero contar, que no debo perder ni un solo día de mi vida, debo hacer mi trabajo, porque soy un autor muy lento”.
En su discurso de recepción, Mendoza no solo habló del trabajo que ha hecho, también destacó a grandes de la literatura a quienes ha tomado como maestros:
"He hecho el trabajo necesario para honrar a mis precursores. Esto incluso lo decía Ibargüengoitia. Y mis precursores son James Joyce, Juan Rulfo y Fernando del Paso. Para mí ellos son el canon de la narrativa del siglo XX y creo que del XXI también”.
Luego de citar a otros de sus maestros, Mendoza aseguró que gracias a ellos tuvo claro que debía buscar su estilo y supo que la clave estaba en el lenguaje, y dominarlo.
“Fui a la UNAM, entonces domino el español estándar que los traductores adoran, pero también el lenguaje callejero, cuando menos de mi época, y también lenguaje del hampa, porque he hecho muchas actividades de fomento a la lectura en las prisiones de mi estado. Ándese paseando”.
Recordó cómo hace más de 26 años publicó “Un asesino solitario” y también que meses después se dijo que la literatura del norte “éramos la nueva voz de la literatura mexicana”. Y recordó que decían que “los pilares eran Daniel Sada, que en paz descanse, David Toscana, que acaba de ganar el premio Alfaguara; Eduardo Antonio Parra que creo que llegará esta tarde y, Elmer Mendoza. Y nos dijeron cosas muy bonitas”.
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